Crecieron creyendo que eran hermanos del mismo donante de esperma, pero una prueba de ADN reveló la verdad

  • En la industria de los bancos de esperma, las historias erróneas se han vuelto cada vez más comunes.
Los cuentos clásicos son más emocionantes si ellos son los protagonistas.
Un grupo de niños.
Freepik

Desde que nació, Tylen ha sabido que tenía un hermanastro al otro lado de Estados Unidos. En 2008, la madre de Tylen, Christy Coyle, había utilizado el mismo donante de esperma que otra madre, Lauran, y, al tiempo, ellas se conocieron en internet.

Sus bebés, que nacieron con semanas de diferencia,se conocieron cuando eran bebés y hasta jugaron juntos. Sus madres solteras hablaban semanalmente por teléfono y los criaban como hermanastros

Incluso durante años, una inmensa fotográfica en lienzo de Coyle sosteniendo a los dos niños colgó de una pared de la casa de Lauran.

Así, con sus hijos a punto de cumplir 10 años, las dos mujeres pagaron por una prueba de ADN para proporcionarles a los niños un documento que confirmara oficialmente sus lazos y desglosara su historia genética. Una noche, mientras hablaba por teléfono con Coyle, Lauran buscó los resultados.

"Se hizo un silencio absoluto", aseguró Coyle a BuzzFeed News. "No había ruido. Ella simplemente dijo: 'No tienen relación".

Lo que pasó es que Coyle, de 41 años, recibió la muestra de esperma equivocada. Un descubrimiento que la metió en una espiral de culpabilidad. Incluso se sintió violada después de haber sido inseminada por un hombre extraño a quien ella no eligió. Se sentía tonta, después de haber buscado en vano las similitudes físicas entre los dos muchachos. Pero también sintió que había fallado como madre, como si hubiera traicionado a su hijo y le hubiera robado el plan de vida que había imaginado.

"Estuvimos dos meses devastadas por nuestros hijos. No sabíamos qué decirles. Sientes que les has estado mintiendo acerca de dónde vienen", señalan sus progenitoras.

De esta forma, llevaría meses, y una prueba de ADN antes de que se resolviera el misterio.

En la industria de los bancos de esperma, las historias erróneas se han vuelto cada vez más comunes. Si bien los reguladores federales requieren que las muestras se analicen para detectar algunas enfermedades de transmisión, hay poca o ninguna regulación nacional más allá de eso: no hay leyes que castiguen el mantenimiento de registros descuidados en las clínicas ni leyes que exijan que se verifique la información personal proporcionada por los donantes ni leyes que aseguran que las mujeres sean inseminadas con las muestras exactas que han seleccionado.

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