Un cumpleaños feliz desde el balcón

Un cumpleaños muy especial para la familia Secanilla-Martínez.
Un cumpleaños muy especial para la familia Secanilla-Martínez.
D. S.

¿Se acuerdan de Celia, ese torbellino de siete años, que salió de la imaginación de la escritora Elena Fortún y que se convirtió en la heroína de las que ahora son nuestras abuelas? Celia era tan ocurrente y divertida que llenaba de alegría todos los sitios en los que estaba. A la Celia televisiva le gustaba mucho jugar fuera de casa y se pasaba el día con sus amigos. Lo mismo que hace habitualmente la protagonista de este reportaje, que también se llama Celia y es la hija pequeña de la familia Secanilla-Martínez. A esta Celia se le hace prácticamente de noche en el patio del recreo, algo que ahora no puede hacer y echa mucho de menos.

Celia Secanilla Martínez es igual de divertida y ocurrente que la protagonista de esos cuentos, pero lo que diferencia a una y otra, además del color del pelo, es que Celia Secanilla, es más mayor, de hecho ha cumplido esta semana nueve años y lo ha celebrado de una manera muy especial. Lo ha hecho en el salón de su casa, acompañada de su hermana Paula y sus padres, Ana y David. Mientras, el abuelo Andrés la felicitaba desde el balcón de su casa, en el mismo portal, con los ojos arrasados de emoción, pero consciente de que, por el bien de todos, el tirón de orejas tendrá que esperar un tiempo.

"Ha sido un cumpleaños súper bonito, porque mis padres me decoraron toda la casa de globos y serpentinas y por la tarde, a las ocho, cuando hemos salido a aplaudir al balcón, mis vecinos me han cantado todos juntos el cumpleaños feliz. Me he puesto muy contenta. Este año no he tenido todavía regalos, porque mis padres no querían poner en peligro a los repartidores de correo que van por las calles, pero lo único que he echado de menos ha sido ver a mi familia y a mis compañeros de 3º de Primaria.

El cumpleaños de Celia ha servido para romper el día a día de esta familia en este momento. Durante las jornadas que llevan en casa han acometido una rutina diaria que les ha permitido afrontar esta situación de una manera positiva y, sobre todo, muy práctica.

Tareas compartidas

Ana es quien pasa la mayor parte del día en casa con las niñas, porque David sigue trabajando en su empresa. Ella es la encargada de despertarlas por la mañana, a las 9.00, y prepararles el desayuno, pero antes, dedica un tiempo para estar consigo misma, practicando un poco de yoga y desayunando sola. "Es mi momento del día, el resto de la jornada estoy pendiente de la casa y de las niñas, que estos días se están portando mejor que nunca, apenas riñen, y cada una de ellas ha adquirido un rol y valoran cosas que antes no valoraban, como el poder hablar todos los días por videoconferencia con los abuelos, sus tíos o sus amigas del colegio, con las que se pasan muchas horas conectadas, jugando o haciendo deberes", indica Ana Martínez.

"Estos días las niñas se están portando mejor que nunca, apenas riñen"

Después del desayuno de las niñas, comienza realmente la rutina diaria. Ellas se encargan de hacer los deberes que les mandan desde el colegio y Ana prepara la comida y recoge la casa, sobre todo los armarios, a los que estos días les ha dado ya varias vueltas.

Cuando David llega a la hora de comer, los cuatro comparten muchos juegos y actividades, pero el rato de las 15.00 a las 17.00, cada uno de ellos hace lo que más les gusta, en su cuarto o en el salón, pero de manera individual: leer, ver una película, estar al día de las noticias, jugar a algún juego.

"Ya por la tarde hacemos cosas en común, en el salón o en el balcón que hemos redescubierto estos días y donde tomamos el sol o nos da el aire. Además, hablamos mucho con la familia y los amigos por videoconferencia. En mi caso, practico deporte con otras madres del colegio varios días a la semana gracias a Youtube y las chicas chatean con sus amigas para comentar mil cosas. Estos días estamos hablando con gente con la que normalmente no nos comunicamos tanto y pasa exactamente lo mismo con muchos vecinos, a los que vemos por el balcón cuando salimos a las ocho de la tarde a rendir homenaje a los sanitarios de todo el país. Son personas con las que antes apenas hablábamos y con las que ahora se ha creado un vínculo muy especial, sobre todo desde que mi marido se ha convertido en el dj del bloque y todos las tardes se encarga de poner la nota musical en nuestro trocito de calle", indica Ana.

"Hay vecinos con los que antes apenas hablábamos y con los que hemos creado un vínculo muy especial"

Las rutinas se mantienen a la hora de cenar, alrededor de las 21.00, y acostarse. David es el primero en hacerlo y luego le toca el turno a Celia. Paula, su hermana mayor, y Ana aprovechan este rato en calma para ver alguna serie de televisión y luego a dormir.

Llega el fin de semana

El fin de semana todo cambia un poco, se levantan más tarde y los cuatro confeccionan pulseras, hacen pasteles que luego dejan en las puertas de las vecinas o hablan, hablan mucho de cosas que antes, por el estrés o las prisas, no tenían tiempo de contarse, detalles insignificantes que ahora adquieren otra dimensión. "Estamos aprendiendo a valorar todavía más si cabe los pequeños grandes detalles de la vida.Esta situación nos está enseñando a mirar con otros ojos, a ver cosas que antes no veíamos. Yo tenía vecinos de calle que nunca había visto y ahora son importantes para nosotros, hasta el punto de que hace unos días, mientras David pinchaba algunas canciones, las vecinas del séptimo del piso de enfrente sacaron una enorme pancarta en la que nos daban las gracias y nos citaban a las ocho al día siguiente", recalca una emocionada Ana.

Dentro de un tiempo, la normalidad volverá al domicilio de la familia Secanilla-Martínez, pero ellos tienen muy claro que algo muy importante ha cambiado en su vida y les ha hecho disfrutar más del aquí y el ahora.

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