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Una de las mejores pastelerías de Italia está en una cárcel: así hacen los presos el mejor panettone

Pasteleros
Pasteleros
Giotto

La prisión como escenario y los reclusos como pinches de cocina. A pesar de que pudiera parecer el guion de cualquiera de las mejores películas de cartelera, lo cierto es que es tan real como la vida misma. 

Posiblemente no te habrías imaginado nunca una prisión como el lugar de origen de uno de los mejores panettones, pero la prisión de Due Palazzi, al norte de Italia, es un auténtico oasis de dulzura -literalmente hablando-. 

Desde que en 2005 las cocinas de la pastelería Giotto -una de las más reconocidas del país de la bota- se trasladase a esta prisión de Padua, el proyecto no ha dejado de cosechar éxitos. 

Due Palazzi alberga a 500 reclusos y a los autores de uno de los mejores panettones de Italia. Además de este típico dulce navideño, los presos que trabajan para Giotto también elaboran otras especialidades reposteras como bombones, bizcochos, dulces de Semana Santa o helados, que posteriormente se venden en dos tiendas de Padua y de manera online en toda Italia y en el extranjero. 

38 reposteros muy especiales

A pesar de que en Due Palazzi cumplen su condena 500 presos, tan solo 38 reclusos se endulzan los días entre las especialidades de Giotto. 

Los 38 trabajadores de la firma pastelera en la prisión trabajan con un contrato y reciben una remuneración a final de mes que pueden enviar a sus familias, lo que les hace sentirse útiles durante el tiempo que dura su condena. 

El proceso de selección de estos reposteros tan especiales se lleva a cabo con psicólogos y trabajadores sociales que analizan el perfil del recluso, la duración de su condena y la necesidad económica de su familia en el exterior. 

Con el objetivo de emplear al máximo número de presos, la pastelería de la prisión se organiza en tres turnos de cuatro horas diarias los siete días de la semana, donde los reclusos se encuentran acompañados por alguno de los cuatro pasteleros profesionales que instruyen y supervisan a los trabajadores. 

Sobre la puerta de la entrada del centro penitenciario reza una frase del poeta Dante que dice "Non sei fatto per vivere come bruti" -no fuiste hecho para vivir como brutos-, pero a lo de vivir como maestros de la repostería, Dante no le puso ninguna pega. Y menos mal. 

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