Lili Fernández y Elsa Baquerizo
Lili Fernández y Elsa Baquerizo (de cara). FIVB

La experiencia es un grado. Y la constancia otro. Lo saben Liliana Fernández Steiner (Alicante, 1987) y Elsa Baquerizo McMillan (Madrid, 1987), quienes además de compartir el casual exotismo de una madre extrajera (croata en un caso, estadounidense en otro) y su condición de estudiantes (Elsa, con Pedagogía y Lili, con Turismo y Publicidad) comparten la pasión por el voley playa y las ganas por encaramarse a su élite.

En los Mundiales de Roma, que finalizaron el domingo, Lili y Elsa cayeron en octavos. Una eliminación con matices, porque es otro paso más para una pareja bicampeona nacional que afronta su tercer año en el World Tour (donde han acabado un par de pruebas en quinta posición), ya merodea el top veinte y no duda de sus posibilidades. "Creemos en nuestro proyecto –defiende Lili–, físicamente somos tan altas como cualquiera [1,80 m] y es cuestión de tiempo. Aquí, la experiencia hace mucho".

Invirtieron unos 20.000 euros en viajes

Tanto creen que en los primeros momentos, cuando el voleibol en pista las unió en Tenerife –Lili en 2005; Elsa en 2006–, no dudaron en pagarse sus gastos y los de Daniel Rodríguez Wood, su técnico. "Decidimos hacer una apuesta e invertir. Íbamos a los torneos y disputábamos la previa, donde accedes a puntos, pero no a dinero. Todo fue bien, subiendo en el ranking. Ahora vamos al cuadro final: hay premios y te pagan la estancia y la manutención. ¡Eso es una tranquilidad!", dice Lili.

En 2009, calcula Lili, invirtieron unos 20.000 euros en viajes y se hicieron expertas en el low cost o en buscar fondos con un calendario de posados: "Nos dio para cubrir gastos y aportó una ayuda para arrancar en 2010. No puedes quedarte esperando ayudas [ya tienen un par], sólo pasa en las ‘pelis’. Y creemos en esto".

Mucho más que una imagen sexy

La cuestión de la vestimenta atrae muchas miradas, femeninas y masculinas. "Claro –ríe Lili–, porque es un deporte de verano, hace mucho calor y los bikinis y los bañadores se han mantenido, salvo en pruebas en Noruega o Finlandia. Pero lo que pueda tener de atractivo lo tiene de sacrificado y desconocido. Se viaja mucho. De un año, estás diez meses fuera de casa".