El Tour de Francia, la carrera más grande de ciclismo, a veces muestra incoherencias. Lucha contra el dopaje como el que más, y eso está muy bien. Pero a veces, en sus finales, ofrecen peligrosos trazados en los que los corredores se juegan el tipo cuando luchan por disputar la etapa.

Ése es el caso de Montpellier, meta entre los Alpes y los Pirineos, que en su último kilómetros incluía una serie de curvas estrechas que invitaban a la caída. Y la hubo. No fue montonera, pero varios corredores se fueron al suelo y contra las vallas del lado izquierdo. Entre ellos, el cántabro Fran Ventoso, del Saunier Duval, que se ha abonado a las caídas en este Tour.

Cuando luchaba por disputar una llegada en la que faltaban algunos de los dominadores de las llegadas del Tour, Ventoso sufrió una caída a menos de un kilómetro que le provocó un importante corte en su mano izquierda.

La rápida hinchazón generó miedo en el equipo, temerosos de alguna fractura que les privase de Ventoso. Pero unas radiografías en un hospital cercano descartaron cualquier fractura, aunque tuvo que recibir cuatro puntos de sutura.

"Los organizadores hacen lo que quieren; el atleta tiene que aguantarse", se resignaba Ventoso sobre el recorrido del final. El velocista del Saunier Duval tiene la intención de tomar salida en la duodécima etapa, entre Montpellier y Castres. Una inflamación, sin embargo, es un problema a la hora de apoyar la mano en el manillar. Y más durante 178 kilómetros.

No es la primera vez que Ventoso pierde el equilibrio. El cántabro se vio implicado en la caída de la segunda etapa, que le dejó renqueante en las etapas siguientes. Pero aguantó todos los Alpes en espera de una oportunidad que aún sigue sin llegar... por culpa d elas caídas.