Alejandro Valverde, "miña terra murciana"

  • El murciano defendió título y sumó su tercera Vuelta a Murcia.
  • La clave, su victoria en la contrarreloj de la cuarta etapa.
  • Stefano Garzelli acabó segundo y Alberto Contador, tercero.
Alejandro Valverde guarda junto a otros corredores y algunos directivos de la Vuelta a Murcia un minuto de silencio por el atentado de ETA. (EFE)
Alejandro Valverde guarda junto a otros corredores y algunos directivos de la Vuelta a Murcia un minuto de silencio por el atentado de ETA. (EFE)

Presumía de participación la organización de la Vuelta a Murcia, que comenzó el martes en San Pedro del Pinatar. No era para menos.

En la línea de salida estaban Denis Menchov (ganador de Vuelta 2005 y 2007), Carlos Sastre y Samuel Sánchez (segundo y tercero en la pasada Vuelta), Stefano Garzelli (todo un ganador de Giro, en 2000, y marcado en su día como delfín de Marco Pantani, pero venido a menos) o Alberto Contador (ganador del Tour 2007).

Pero también

niño bonito del ciclismo murciano que, ante su público, sumó su
tercera victoria en la general de la ronda y defendió el título de la pasada edición. Mejor, pensarán los organizadores, imposible.

El nombre de Valverde, que por cierto estrenó su zurrón de este año en Murcia, da lustre al palmarés y les permite olvidar los agobios que casi suponen la desaparición de la prueba el año pasado. También, claro, miran con optimismo el 2009, porque este año se ha visto un buen espectáculo.

El recorrido, sujeto a las limitaciones de la propia geografía murciana, fue variado y lo permitió: hubo montaña -por la Sierra de Espuña-, se dieron tres esprines masivos y también una crono con tintes de cronoescalada. Las fechas, pensarán, tampoco invitan a grandes innovaciones. La temporada, con la irrupción en enero del Tour Down Under de Australia y otras pruebas, ya no está tan recién iniciada.

Eso era hace una década. Ahora, incluso, habría que plantearse por qué no afrontar el reto de un puerto tipo Angliru como el Carrascoy (1058 metros), una joya de la orografía murciana que en 10 kilómetros tiene una media del 9,5% y rampas del 14%. Ese, claro, es otro tema.

Porque el protagonismo es para Valverde. El murciano volvió a sentenciar contra el reloj. Ahí estuvo la clave de su victoria, pero también en su olfato para no fallar en la segunda etapa, la montañosa de este año, y coger el grupo bueno. Puso al equipo a trabajar camino de Totana, con las subidas a Espuña y Collado Bermejo -una especie de Télégraphe y Galibier a mucha escala y con menos dureza- por el medio, y leyó el ataque de Stefano Garzelli.

Contador y dos hombres en muy buena forma, Manuel Vázquez (Contentpolis) Y Ezequiel Mosquera (Karpin) también se lo vieron venir. Ese día ganó un viejo rockero, Chechu Rubiera, que llegó con otro grupo desde atrás en la bajada del Collado Bermejo, y al esprín con Aitor Pérez (Extremadura), con el que había atacado a un kilómetro de meta, le dio una alegría al desmoralizado Astaná.

El Extremadura, protagonista

Antes, en la jornada inaugural, hubo esprín. El australiano Graeme Brown (Rabobank) prolongó su racha española imponiéndose a un crecido Koldo Fernández de Larrea. El de Euskaltel está creciendo como velocista y en Murcia lo ha acabado demostrando.

En Totana, al día siguiente,

se vistió de líder Aitor Pérez. El Extremadura, casi desaparecido en la reciente Vuelta a Valencia,
se ganó la atención de las cámaras hacia su Ciclismo Solidario gracias al ciclista de Zegama, un hombre que, precisamente con el Spiuk (antecesor de Extremadura como patrocinador) se destapó en profesionales tras su paso discreto con Cafés Baqué. En Caisse d'Epargne, donde ha permanecido dos temporadas, ha estado muy tapado, con mucho trabajo oscuro para sus líderes.

Pérez ha brillado en la Challenge y en Valencia, pero sin triunfos. Lo rozó en Totana. Y volvió a recordarle al respetable esa curiosidad suya: sólo tiene un riñón desde que nació. Agnesia renal unilateral lo llaman y se enteró con 23 años. Ni sus padres sabían tal cosa.

Pérez lució el amarillo al día siguiente, en la tercera etapa. Esta vez era el argentino Juan José Haedo (CSC) el que le robaba el podio a Fernández de Larrea. Otro guerrero, Julián Sánchez Pimienta (Contentpolis-Murcia) buscaba concretar la general de la montaña. Pero el día, básicamente, estaba destinado para una llegada masiva.

Y el viernes, ayer, en la cuarta, se decidió todo. 23 kilómetros de contrarreloj hasta Aledo, casi cronoescalada, en los que Valverde le sacó dos segundos a Garzelli y seis a Contador. Aitor Pérez se hundía y el murciano se ponía de líder. Un amarillo que ya no perdió hoy, con final en las calles de Murcia. En la quinta y última etapa de la carrera, 134,9 km desde la urbanización Veneziola de San Javier, nuevo esprín en el que, tras acariciarlo varias veces en las últimas carreras, Koldo Fernández de Larrea estrenaba al Euskaltel-Euskadi aprovechando el trabajo que le hicieron sus compañeros en el último kilómetro, con Samuel Sánchez de lanzador.

Primera de Valverde

Valverde supo estar en el momento adecuado para rematar en el otro momento adecuado. Una alegría para olvidar las sospechas, los pitis y la sombra del veto en el Tour. "Es verdad que me siento muy bien. En caso contrario no hubiera podido ganar hoy, pero tampoco tengo el mismo nivel que el año pasado. Tengo objetivos diferentes y estaré al cien por cien un poco más tarde", explicaba en meta.

El Tour, claro, es uno de ellos. Esta victoria contrarreloj, modalidad en la que ya destacó el año pasado (con la mayoría de sus victorias labradas en la lucha individual contra el tiempo), le encamina otro pasito más hacia su añorada búsqueda de gloria en las tres semanas. Pero es inevitable no pensar en el corredor que ganó Lieja-Bastogne-Lieja (2006) o la Flecha Valona (2006), un perfil de ciclista completo que encaja en esas pruebas.

En las tres semanas luce, pero se apaga. Y falla. En la Vuelta ya ha vivido esa sensación, perdiendo un jersey oro camino de Granada, en el descenso de Monachil. Pero en Murcia ganó Alejandro Valverde.

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