Jo wilfried Tsonga
Tsonga se cambia de camiseta tras derrotar a Nadal en las semifinales del Abierto de Australia (EFE). MIKE F.ALQUINTO / EFE

Decía Andy Warhol que todos tenemos derecho a quince minutos de fama. A Jo Wilfried Tsonga la fama le ha llegado un 24 de enero de 2008, con 22 años, tras derrotar en un partido sensacional a Rafa Nadal en las semifinales del Abierto de Australia. De ser un perfecto desconocido ha pasado a ser la sensación del año.

Tsonga es un trabajador del tenis al que le ha llegado la gloria tras un Abierto de Australia fantástico: lleva cuatro años en el circuito y ha sido capaz de superar varias lesiones que llegaron a comprometer su carrera deportiva. Es un jugador muy maniático: siempre tiene que ducharse en la misma ducha o calzarse en el mismo orden.

La hazaña de Tsonga viene como anillo al dedo a un tenis francés ausente de referentes en los últimos años, cansado de ver como su torneo, Roland Garros, se les escapa desde que hace casi 25 años y como sus mejores raquetas se estrellan contra la impotencia.

Tiene fama de maniático

Nacido el 17 de abril de 1985 en Le Mans (Francia), este hijo de padre congolés y madre francesa destacó pronto con una raqueta en las manos y llegó a ser campeón de Francia en la categoría júnior. Era la nueva promesa del tenis francés y algunos ya lo compraban con el inolvidable Yannick Noah cuando en 2004 se convirtió en profesional. Su ascensión durante ese año fue lenta pero segura: ganó algún título menor y acabó el 179 del mundo.

Una pesadilla

Pero en 2005 todo se torció: una hernia discal le mantuvo apartado de las pistas. "Fue una pesadilla", explica en su página web: sólo pudo jugar diez torneos de los que tuvo que abandonar en cuatro por lesiones en los dos hombros. Perdió más de cien puestos en el ránking ATP para terminar el 282. Los que tanto confiaban en él empezaban a dudar.

2006 fue un año de transición: poco a poco fue superando sus problemas físicos aunque todavía no tenía el ránking suficiente para jugar en los grandes torneos. Ganó cuatro torneos menores en Francia y en Inglaterra y acabó como el jugador númeo 261 del mundo.

En 2005 varias lesiones comprometieron su carrera

Al año siguiente, 2007, las cosas le fueron mucho mejor: obtuvo una invitación para jugar en el Abierto de Australia. Cayó en primera ronda ante Andy Roddick. Pero llamó la atención de muchos al llevarse el primer set del partido tras el tie-break más largo de la historia del torneo (20-18).

Wimbledon, el impulso

Su mejor momento le llegó en Wimbledon, donde pudo participar gracias a otra invitación. Llegó a octavos de final donde cayó eliminado por su compatriota Richard Gasquet. Su buena actuación en Wimbledon le catapultó en el ranking de la ATP ya que le permitió entrar entre los cien primeros. En el Open USA llegó a tercera ronda, donde fue eliminado por Rafa Nadal . Acabó el año como el 45 del mundo.

En este 2008 llegó a las semifinales de Adelaida y se presentó en el Abierto de Australia como el 38 del mundo. En Melbourne ha tenido una quincena fantástica: se ha convertido en la auténtica revelación del torneo con un tenis pleno de potencia, agresivo y y profundo.

Si sigue jugando así, a Tsonga la fama le va a durar más de quince minutos: está llamado a ser uno de los grandes.