Tonny Sanabria
Tonny Sanabria, en una foto de su perfil de Twitter. @tonny9sanabria

Todavía hay tesoros sin catalogar en el mercado del fútbol internacional. O mal catalogados. Todavía es posible burlar la vigilancia de los grandes clubes y fichar estrellas en ciernes a bajo precio. El Betis lo ha hecho y sólo me discutirá lo del bajo precio. Los 7,5 millones de euros pagados por el paraguayo Tonny Sanabria le convierten en la séptima contratación más elevada del club, tras Denilson (31,5), Finidi (10), Benjamín (10), Ricardo Oliveira (9), Sergio García (8,5) y Sobis (8,5). La austeridad es lo que tiene: da vértigos.

Las precauciones tomadas por la Roma a la hora de negociar el traspaso nos indican que Sanabria, de 20 años, no es un futbolista cualquiera. Los romanos se reservan tres opciones de recompra. Si quieren recuperarlo en los dos primeros años, tendrán que pagar once millones. Si lo hacen en el tercero, abonarán 14,5. Además, se garantizan el 50% de los ingresos de un posible traspaso del Betis a otro club durante los cinco años de duración del contrato. Se entiende que lo vendieron entre lágrimas.

La expectación que despierta Sanabria está bien documentada. El Cerro Porteño fue el primero en tomarle la matrícula y la emigración a España no interrumpió su progresión, más bien al contrario. Instalado con su familia en Sitges (es el mayor de cuatro hermanos), jugó con el infantil del Blanca Subur y se presentó en sociedad con 70 goles. Aquello despertó el interés de los ojeadores del Barcelona y el Real Madrid. Los culés estuvieron más rápidos; con trece años ingresó en La Masía. Con 15 marcó 27 goles en el Cadete A. Con 16 fue reclamado por Tito Vilanova para participar en un entrenamiento del primer equipo. A los 17 años debutó en la selección de Paraguay en sustitución, nótese el simbolismo, de Roque Santa Cruz, delantero histórico, figura en Europa y ex del Betis. Pocos meses después, y sin alcanzar aún la mayoría de edad, la Roma lo fichó por 4,5 millones.

Más cuajado y más tatuado, sostiene cierto parecido con Benzema y KluivertLa temporada pasada, durante su cesión al Sporting, Sanabria confirmó que nada se le había perdido por el camino. Más cuajado y más tatuado, sostiene cierto parecido con Benzema y Kluivert, las comparaciones habituales. Sus once goles en 29 partidos fueron decisivos para que el equipo salvara la categoría. Sólo se detectaba una sombra: los problemas musculares le hicieron perderse nueve encuentros. Son los mismos problemas que, localizados en el pubis y originados por una descompensación muscular, han condicionado sus primeros meses en el Betis: nueve partidos de Liga de quince posibles y un único gol (otro más en la Copa).

Pero las sombras parecen haber quedado atrás. El pasado domingo, Sanabria disputó los 90 minutos en la victoria del Betis frente al Athletic (1-0), sin goles, pero con mucho trabajo y una asistencia clave a Rubén Castro, buena pareja de baile. La llegada de un entrenador como Víctor Sánchez del Amo (tranquilo, dialogante y de sólo 40 años) debería completar el proceso de adaptación: continuidad, maduración y goles.

El Betis es buen lugar para sentirse querido y Sevilla es una ciudad inmejorable para pasarse cinco años, o cincuenta. Ahora sólo queda que Tonny Sanabria sepa gestionar sus capacidades. En principio, lo tiene todo: remate con las dos piernas, agilidad, visión de juego dentro del área y una elegancia natural que le emparenta con la peculiar raza de los delanteros con smoking. Sólo le queda por demostrar que su cabeza estará a la altura de su talento. Eso significa no perderse, integrarse, entregarse y, cuando llame la Roma, hacerse el dormido.

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