"Coloco esta victoria en lo más alto de mi carrera", decía un exultante Tiger Woods, enfundado en la chaqueta verde como vencedor del Masters de Augusta. El golfista estadounidense ponía fin de la mejor manera posible a una de las épocas más duras de su vida y a once años sin conquistar un 'major', algo que se había convertido hasta 2008 en una costumbre para él.

Tiger Woods es una de esas leyendas que dan para una película o una serie documental. El gran dominador del golf mundial cayó a los infiernos entre lesiones, pasos por el quirófano, drogas, una vida sexual que le llevó al divorcio, accidentes, detenciones... Pocos pensaban que se iba a ver de nuevo a ese joven que se tuteó con los más grandes desde finales de los 90 hasta dominar casi dos décadas después los campos del Augusta National.

Todo empezó con un extraño accidente. La vida disoluta de Woods ya era 'vox populi' en Estados Unidos, pero nadie levantaba la voz contra él. Sólo su esposa por entonces, Elin Nordegren, parecía mantenerle a flote, hasta que descubrió que tenía, al menos, 9 amantes. Nordegren se divorció de él y con el tiempo empezó una relación con la esquiadora Lindsay Vonn, pero entre medias, la vorágine de mujeres y escándalos que le rodeaban le situaron más veces en portales como TMZ que en Bleacher Report.

Su retirada en 2009 parecía definitiva. La pérdida de patrocinadores le llevó a una espiral de alcohol y tranquilizantes y la decepción de la sociedad estadounidense con su ídolo era total. Acabó ingresando en una clínica por su adicción al sexo, entre otros excesos. La imagen de la ficha policial de Woods por conducir en aparente estado ebrio (luego se confirmó que era por los fármacos) y, sobre todo, el vídeo de cómo era detenido por la policía, totalmente desorientado debido a los fármacos fue su caída absoluta a los infiernos.

Pocos pensaban que iba a volver a disputar un solo torneo de golf, pero entre dolores de espalda (cuatro operaciones entre 2014 y 2017) y rodilla (que le han obligado a ir modificando su swing a lo largo de los años), poco a poco fue recuperando el viejo lustre. Su victoria en septiembre de 2018 en el Tour Championship, cuarto y último torneo de los playoff de la FedEx Cup del PGA Tour de golf, confirmó que había vuelto a ser el de antes, al menos, en parte.

Aún herido, afrontó el Masters de Augusta de 2019 con un objetivo: ganar. No ha sido fácil, pero Woods ha atravesado el bosque de espinas para, herido, volver a lo más alto. Ahora los patrocinadores le vuelven a querer, y los abrazos se suceden. Queda por ver si esta redención se mantiene o si vuelve a caer en la tentación.