Thiago Braz da Silva
Thiago Braz da Silva realiza el salto que le da el oro olímpico en Río en salto de pértiga. EFE

El atleta brasileño Thiago Braz da Silva provocó el delirio de sus paisanos al proclamarse campeón olímpico de pértiga con un vuelo asombroso de 6,03 metros, diez centímetros por encima de su marca, con el que derrotó al defensor del título, el francés Renaud Lavillenie, que se quedó en 5,98.

La medalla de bronce fue para el estadounidense Sam Kendricks con una marca de 5,85. La pértiga volvió a ser una prueba de difícil reválida. Nadie ha podido repetir título desde hace 60 años, cuando el norteamericano Bob Richards repitió triunfo.

Thiago Braz encandiló a escaso público brasileño que a las doce de la noche seguía la final de pértiga en las gradas cuando superó al segundo intento los 5,93 metros, que le situaban en posición de medalla de plata.

Como en todos los grandes campeonatos del último decenio, el francés Lavillenie partía en Río como gran favorito después de haber cuajado una gran temporada, con tres saltos por encima de los seis metros (el mejor, 6.03) y su segundo título mundial bajo techo. Al aire libre no ha superado los seis metros, pero ha ganado siete de sus nueve competiciones. Su triunfo, sin embargo, no era totalmente seguro, porque el francés acostumbra a producir algún fiasco de vez en cuando.

Polémica por los abucheos

La competición no ha estado exenta de polémica ya que, como en otras pruebas en las que los deportistas cariocas optaban a medalla, el público brasileño abucheó y jaleó los fallos de los adversarios de Thiago Braz da Silva.

Este comportamiento, que se repite cada día en Río, está provocando críticas de las delegaciones de otros países así como de sus deportistas, directamente afectados por el mal ambiente que dificulta su concentración.

Yo no le he hecho nada a los brasileños. El atletismo no es lugar para eso"

El francés Renaud Lavillenie, muy molesto con la actitud del público, ha llegado a comparar en declaraciones a France Televisions los juegos de Río con los de la Alemania nazi: "En 1936 el público también estaba contra Jesse Owens. No hemos visto eso desde entonces". También añadió que la pértiga "no es fútbol. Es la primera vez que veo algo así en atletismo. Es el momento más grande de tu vida y... ahora tengo que esperar otros cuatro años para recuperar el título".

Aunque posteriormente reconoció que tal vez había ido demasiado lejos en la comparación, como otros deportistas Lavillenie considera que esta "no es una buena imagen para los Juegos. Yo no le he hecho nada a los brasileños. El atletismo no es lugar para eso. Es una vergüenza para Río".

Sorpresa para los brasileños

El país anfitrión confiaba en una sorpresa a cargo de Thiago Braz, que con 22 años había hecho esta temporada las mejores marcas de su vida, tanto en sala (5.93) como al aire libre (5,90).

No era el día más propicio para la pértiga. La final comenzó con una hora de retraso por culpa de la lluvia y luego sufrió una interrupción debido a la avería del motor que eleva el listón. Los jueces tuvieron que recurrir a la clásica horquilla para subir la barra hasta los apoyos.

Sin embargo, Lavillenie no modificó sus planes y empezó a saltar en 5,75, cuando sólo quedaban en competición otros cinco atletas. El francés ejecutó un concurso perfecto, sin un solo nulo, hasta superar los 5,98.

Para optar al oro, Thiago Braz tenía que saltar 10 centímetros por encima de su récord personalBraz da Silva, que llevaba dos fallos, se vio obligado a renunciar a esa altura porque, con todos los demás ya eliminados, el hecho de superarla no modificaba su segundo puesto. Su única ruta hacia el oro pasaba por saltar la altura siguiente, 6,03, diez centímetros por encima de su récord personal.

Lavillenie cometió sus primeros nulos en esa altura, aunque en los dos primeros intentos estuvo a punto de superarla, y cuando confiaba en tener la victoria a buen recaudo, el brasileño se descolgó con un vuelo asombroso, muy por encima del listón situado en los 6,03. El francés tuvo que dejarse el tercer intento para los 6,08 y no pudo con ellos. La victoria se quedaba en casa.

El campeón mundial, Shawn Barber, aspiraba a convertirse en el primer medallista olímpico canadiense en esta prueba desde 1908 y a recoger los réditos de un eventual fallo del campeón olímpico, pero fracasó estrepitosamente. Estaba en forma, como refleja su marca de 5,91, pero no pasó de 5,50 y acabó décimo.

Un competidor excepcional, el alemán Raphael Holzdeppe (oro y plata en los dos últimos mundiales) cayó en la ronda de clasificación, igual que el polaco Pawel Wojciechowski, campeón mundial en 2011.