Thiago
Thiago Alcántara. Luis Grañena

Desde muy pequeño, Thiago siempre ha tenido una unión especial con el deporte. Mazinho, su padre, no sólo fue futbolista profesional de élite, sino que además también fue campeón del mundo. Su madre, Valeria, lo fue del voleibol. Los dos hermanos 'Alcántara' siguieron los pasos de su progenitor y el más mayor de ellos deslumbró por su desparpajo. Si curiosa era su forma de tratar el balón cuando éste era más grande que él, más aun lo eran las fotos en las que aparecía un joven Thiago escuchando atentamente las charlas que Luis Aragonés daba a los jugadores del Valencia en Paterna.

Siempre atento a lo que los mayores le decían, los silbidos de su padre desde la grada le ayudaron a mejorar en los campos de Vigo. Eso y las patadas que recibía de Rafinha, su hermano, en el jardín de casa. Ambos se 'pegaban' para demostrar su gen competitivo.

Con Valeria y Mazinho siempre fueron muy agradecidos los trabajadores del club Ureca. Recuerda la madre que siempre los paraban en la calle para darles las gracias por dejar ver a sus hijos jugar al fútbol. Pero Thiago era más que un gran futbolista, un "viejo en el cuerpo de un joven" como le define su hermana, que siempre sacaba sobresaliente en los estudios. Demasiado responsable y serio, es más descuidado a la hora de arriesgar dentro del campo. No le importa, pues esa mente privilegiada para los estudios le hace ir un segundo por delante en los terrenos de juego.

El primer recuerdo de un Mundial que tiene Thiago es el de la fiesta que montó su padre en casa tras ganarlo con Brasil en el 94', ante Italia, lugar donde nació. Ahora Rusia le da la oportunidad de hacerse un nombre propio.

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