Thais Henríquez, con su medalla
Thais Henríquez, radiante con su medalla en natación sincronizada. R.R.V.

Sí, "mi fe movió montañas, es un titular que me gusta". Thaïs Henríquez luce orgullosa su bronce olímpico sincronizado, segundo metal tras la plata de Pekín. Solo ella conoce el auténtico valor de esta medalla, fruto de meses de  tortura física y mental por llegar a Londres.

¿Mereció la pena?
Sí, ha sido un año durísimo. Cuando estás en la distancia, piensas que no lo vas a conseguir pero mira, aquí tengo la medalla. La he conseguido con muchísimo sacrificio porque aquí nadie te regala las cosas.

¿Por qué fue tan duro para usted?
Porque llevo ya muchísimos años en este deporte, soy muy alta y tengo muchos dolores de espalda desde hace tiempo. Además, este año me enteré de que tengo una hernia discal. Los ejercicios que hago en la piscina son muy agresivos y para estar a punto para Londres he tenido que incorporar a cada entrenamiento mucha fisioterapia, pilates y otras cosas.

Tengo una hernia discal y los ejercicios que hago en la piscina son muy agresivos

¿Ser la más grande de todas aumenta su entrenamiento?
Tengo el centro de gravedad más disperso, no controlo mucho la zona abdominal y las cosas se te van, necesito más entrenamiento para conseguir la velocidad de ejercicios de mis compañeras. Encima, los dolores de espalda me han acompañado todo el tiempo.

¿Ha entrenado mucho días con dolor?
Sí, y no soy la única. Ha sido un año durísimo y cuando lo digo no es por decir. De hecho, me operaré en octubre. Una hernia te machaca cuando tienes que hacer lanzamientos o las cosas que yo hago dentro del agua.

¿Qué pensaba cuando se levantaba a a las seis de la mañana y notaba el dolor?
Decía, 'Dios mío, a ver cómo acaba el día'.

¿Hasta este año no supo de la hernia?
Siempre he tenido dolores porque crecí muy rápido y también tuve un poco de escoliosis. Pero llevaba dos años muy dolorida, con desplazamiento del disco, y en una resonancia me lo dijeron. Los médicos dicen que es un milagro que esté aquí. Tengo que agradecérselo a los  médicos del equipo y a la doctora que me salvó la vida, Teresa Sola. Con ella hice un tratamiento extremo para intentar estar en Londres. Aumentaba la tensión, el estrés y todo eso se me iba a la espalda. Era una situación difícil, porque la cabeza quiere, pero el cuerpo no. No hay nada peor para un deportista.

Defina tratamiento extremo.
Fue un tratamiento a base de inyecciones de plata. Un tratamiento homeopático con el que vi la luz tras años sin solución. Te inyectan la plata en la columna y hace que los músculos involuntarios de la espalda se activen y actuén como una especie de tirantes, y de repente todo funciona. Es increíble.

¿Aquí ha competido con dolor?
Hay días y días. La competición y la adrenalina hace que te olvides. Aquí vine a darlo todo, me doliera o no.

Tengo que agradecérselo a los  médicos del equipo y a la doctora que me salvó la vida, Teresa Sol

¿Se callaba estos dolores o lo contaba?
Tienes que informar a las entrenadoras, porque ellas tienen que decidir. Sé que ha sido muy difícil para ellas porque nunca habían tenido a nadie con este problema, pero más aún para mí. Fue muy frustrante. Pero todo ha valido de pena con esta medalla. Nada ni nadie me quitará ya lo que he conseguido.

¿Sigue estudiando Derecho?
Estoy con tercero de Derecho y ese año espero acabar ya INEF.

¿Sincronizada y dos carreras?
No sé, siempre he sido muy activa.

¿Se ve en el futuro en un juzgado?
Creo que me gustaría seguir vinculado a este deporte, aunque las leyes me encantan y me empollo todos los códigos. Ahora me voy a mi campus de sincronizada, pero solo enseñaré. Este año ya tenemos a 100 niñas y estoy muy contenta. Será divertido.

¿Y lo del corte de pelo?
Cuando nos lo dijeron hace un mes dije que ni de coña, pero bueno, al final no me queda tan mal.

¿Luchará por su tercera medalla en Río?
Quita, quita. Ahora no puedo pensar en eso. Ahora, solo disfrutar esta, que mucho me ha costado.