Caster Semenya
La atleta Caster Semenya causó polémica ya que muchos la consideraban un hombre. REUTERS

Caster Semenya acusa a la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) de haberla usado al inicio de su carrera profesional como un conejillo de indias, y alentó a otras atletas con hiperandrogenismo a no permitir lo mismo. "La IAAF me utilizó en el pasado como un conejillo de indias humano para averiguar cómo la medicación que me obligaron a tomar afectaría mis niveles de testosterona", asegura la atleta sudafricana en un comunicado divulgado por sus abogados.

"Aunque las drogas hormonales me hicieron sentir enferma constantemente, la IAAF quiere ahora imponer umbrales aún más estrictos (...) No permitiré que la IAAF me use a mí y a mi cuerpo de nuevo", dice la bicampeona olímpica.

Semenya reaccionó de esta forma ante la publicación este martes de la sentencia completa del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), organismo que el pasado 1 de mayo dio la razón a la IAAF al exigir que las atletas con altos niveles de testosterona en sangre se mediquen para competir en las pruebas femeninas de medio fondo. En un documento de 163 hojas que recoge las conclusiones finales, el TAS revela que la IAAF sí que calificó a las deportistas con hiperandrogenismo como "atletas biológicamente masculinos con identidades de género femeninas"; condición que a su juicio hace "injusto" que compitan contra otras mujeres.

Victoria en los tribunales

Semenya apeló la sentencia del TAS ante el Tribunal Federal Supremo de Suiza, que el pasado 3 de junio le dio la razón y ordenó la inmediata suspensión de la nueva regulación que la forzaba a medicarse para seguir compitiendo.

La nueva normativa, anunciada por la IAAF en abril de 2018 y que entró en vigor el pasado 8 de mayo, obligaba a toda atleta entre los 400 metros y la milla de distancia a mantener unos niveles de testosterona inferiores a 5 nanomoles por litro de sangre seis meses antes de una competición. Hasta entonces, el umbral de tolerancia se encontraba en los 10 nanomoles, lo que según estudios citados por la IAAF, hacía que quienes se aproximaran a ese límite dispusieran de una mayor masa muscular, fuerza y hemoglobina que el resto de corredoras.