Sadio Mané, con la camiseta del Liverpool.
Sadio Mané, con la camiseta del Liverpool. EFE

El Grupo H está realmente equilibrado, y por tanto la selección senegalesa puede ser uno de los equipos que accedan a los octavos de final y que se conviertan en una de las revelaciones del torneo. Es cierto que al fútbol africano le ha costado mucho históricamente avanzar rondas en el torneo de selecciones más importante del Mundo, pero esta Senegal parece un equipo compensado y con algunos jugadores de calidad que pueden hacer soñar a la afición.

El argumento más importante que tiene el equipo entrenado por Aliou Cissé es que cuenta con un par de jugadores de primerísimo nivel, tanto en su defensa como en su ataque. Atrás, Koulibaly, el zaguero del Nápoles, ha conseguido instalarse en la élite gracias a lo bien que le ha potenciado en los últimos años Maurizio Sarri. Un defensa potente, capaz de anticipar y también de cubrir una gran cantidad de terreno. Arriba, por supuesto, Sadio Mané, que ha hecho un temporadón en el Liverpool y tiró del carro en la final de la Champions tras la lesión de Salah.

Aunque hay que matizar que Senegal no son sólo estos dos futbolistas. Cissé cuenta con centrocampistas de trabajo como N'Diaye, Gueye o Kouyaté, que sin duda servirán de sustento para que la chispa y determinación que cuenta en su ataque llegue a buen puerto. En la vanguardia, el cuadro africano cuenta, además de con Mané, con el talento de Keita Baldé y la potencia de los M'Baye Niang, Mame Biram Diouf o Moussa Sow.

En cualquier caso y como les ocurre a todos los equipos africanos, su principal problema está en esa barrera histórica que parece difícil de superar. Por supuesto, igualar su mejor registro, que fueron los cuartos de final que Los Leones de Teranga consiguieron alcanzar en el Mundial disputado en Corea y Japón en el año 2002.

La estrella: Sadio Mané

El jugador del Liverpool es indiscutiblemente la gran estrella de Senegal, y el posible éxito del equipo africano pasa sin duda por sus botas. Acostumbrado en su club a que el peso de los ataques caiga en las botas de Firmino y Salah, dejó claro en la final de la Champions, con el brasileño muy tapado y el egipcio lesionado, que puede asumir perfectamente esa responsabilidad. En el Mundial tendrá que demostrar que tiene el nivel real de estrella de primera fila.