Neymar, en un entrenamiento con Brasil.
Neymar, en un entrenamiento con Brasil. EFE

La selección brasileña afronta el Mundial de Rusia en su momento más 'relajado' de los últimos tiempos, especialmente si tenemos en cuenta el tremendo varapalo que supuso su participación como anfitrión en 2014. Evidentemente el hecho de caer derrotado por 1-7 en la semifinal ante Alemania supuso una tormenta en torno a la canarinha, lo que abrió un enorme debate acerca de la negativa evolución en el fútbol local y la falta de talento en la selección absoluta derivada de ello.

Las sensaciones, sin embargo, son radicalmente distintas. Por un lado, su ataque cuenta con jugadores de verdad determinantes. A la delantera titular, a priori compuesta por Coutinho, Neymar y Gabriel Jesus, hay que sumar una 'unidad B' de enorme categoría, formada por Douglas Costa, Willian y Firmino. El ataque brasileño pasa por tanto de jugársela con futbolistas de perfil bajo -no hay que olvidar que Fred fue titular en el pasado Mundial- a tener una serie de alternativas de gran nivel para decidir en los últimos metros.

A eso hay que sumar el enorme trabajo de Tite en su banquillo. El mítico preparador, triunfador en tantos clubes brasileños, tomó el relevo de Dunga en junio de 2016, y la mejoría desde entonces fue evidente. El equipo creció colectivamente, asentando un 4-3-3 en el que Alves y Marcelo generaban juego desde ambos laterales -la baja del jugador del PSG es muy delicada-, Casemiro equilibraba en medio campo, ayudado por el trabajo de Renato Augusto y Paulinho, y para el ataque, dinamismo e intercambio de posiciones con Neymar como líder.

Una selección que funciona como un equipo

Sin duda la gran virtud de esta selección brasileña está en su funcionamiento colectivo. Tite, que ya dejó claro, sobre todo durante su etapa en Corinthians, precisamente donde Paulinho fue pieza clave, que el orden global y hacer de sus equipos bloques muy complicados de su superar es su seña de identidad. Sin duda, esta circunstancia es clave en una selección nacional, donde el tiempo de trabajo es mucho intermitente con respecto a un club.

La estrella: Neymar

El gran líder del equipo es indiscutiblemente Neymar, aunque evidentemente las dudas con respecto a su ritmo competitivo son lógicas teniendo en cuenta que el crack ha estado lesionado los últimos cuatro meses de temporada, sin jugar un solo minuto con el PSG. Su estatus obliga a pensar que será clave, pero veremos si consigue alcanzar su habitual explosividad para marcar la diferencia, algo evidentemente indispensable en una Copa del Mundo, donde la exigencia es máxima.