Romario
Romario recibe el trofeo conmemorativo por sus 1.000 goles de manos del gobernador de Río de Janeiro. (Archivo)

Ya en el Valencia Romario necesitaba varios cafés antes de entrenar y Luis Aragonés le leyó la cartilla varias veces cuando fue su entrenador. Incluso algunos recordarán que llegó a decir que jugaba mejor si por la noche había disfrutado de su tiempo libre. Madrugar es algo que nunca le ha gustado al brasileño.

En el día en que la Confederación Brasileña de Fútbol le ha homenajeado con un trofeo por sus 1.000 goles dejó claro que no ha cambiado. Aseguró que había una condición para aceptar ser embajador de su país del Mundial 2014: contraer compromisos sólo después del mediodía.

Loas risas de los asistentes no se hicieron esperar, pero Romario quiere seguir durmiendo hasta tarde. Incluso después de retirarse como futbolista, poco antes dijo que lo hará antes de que termine el campeonato. Será en uno o dos partidos.

"Me volví llorón"

Los instantes de risas causados por la irreverencia del delantero se alternaron con pasajes emotivos en los que recordó dificultades pasadas, agradeció apoyos incondicionales y reconoció la importancia de personajes como Pelé, de quien dijo es "el mayor de todos".

"Voy a dejar de hablar. De lo contrario, voy a comenzar a llorar, porque me volví llorón", dijo el considerado mejor futbolista del mundo en 1994.