Duras críticas a Rijkaard por su política de rotaciones con las estrellas

  • La decisión de dejar a Messi en el banquillo ante el Atlético, muy discutida incluso entre los propios jugadores.
  • Rijkaard se bloquea cuando tiene que decidir sobre la presencia de los 'Cuatro Fantásticos' en el campo, dicen.
  • El otro gran problema del Barça es su fragilidad mental.
Leo Messi se muestra abatido durante el partido contra el Atlético (Reuters).
Leo Messi se muestra abatido durante el partido contra el Atlético (Reuters).
Juan Medina /REUTERS
La derrota ante el Atlético de Madrid ha abierto con fuerza el debate de las
rotaciones en el Barcelona. Las
críticas le llueven a
Frank Rijkaard por dejar fuera de la convocatoria a Yayá Touré y a
Leo Messi en el banquillo en un partido tan importante como el del Vicente Calderón.

Ver a Messi en el banquillo sorprendió a todos. Nadie lo entendió, ni tan siquiera los propios jugadores, que ven al argentino como el mejor. La explicación de Rijkaard aludiendo al "riesgo de sobrecarga" del argentino no convence.

La prensa de Barcelona crítica con dureza a Rijkaard por su política de rotaciones, sobre todo cuando tiene que gestionar la presencia de los llamados "Cuatro Fantásticos" (Eto´o, Messi, Henry y Ronaldinho). Rijkaard gestiona mal los egos dentro del vestuario y su política de contentar a todos los ´cracks´ provoca situaciones como la del sábado.

El repaso del calendario ofrece evidencias en ese sentido: partido Celtic-Barça: Eto´o, al banquillo; Barça-Levante, Henry, a la grada; Barça-Valencia, Ronaldinho, a la grada; y Atlético-Barça, Messi, al banquillo.

Ronaldinho, salpicado

Y más rara es la suplencia de Messi cuanto más claro quedó el sábado que Eto´o, Ronaldinho y Henry no rinden cuando se alinean juntos: los tres tienden a concentrarse en el centro y se anulan. Pese a su espectacular gol de chilena, Ronaldinho evidenció que está lejos de su mejor forma y el Barça terminó jugando al ritmo del brasileño: lento y pesado.

Directivos y jugadores defienden al Gaucho públicamente, pero en privado le señalan como culpable de su baja forma, dice El Pais. Y los jugadores opinan lo mismo: creen que deben jugar los mejores y pocos reconocen méritos a Ronnie.

Pero más allá de las rotaciones, otro problema acecha al equipo: su fragilidad mental. Contra el Atlético se vio a un Barça que se desmoronó a la primera dificultad. El Barça vive en un estado de nervios: la presión de estar cerca de la cabeza de la Liga, las propias decisiones de Rijkaard y las dudas han creado un estado de ansiedad del que deberá salir cuanto antes y con los mejores jugadores disponibles.

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