Pauner
El montañero Carlos Pauner (primer término), junto a Juanito Oiarzábal y Tolo Calafat, a su llegada al campo 3, en la ascensión al Annapurna EFE

Juanito Oiarzábal se mostraba muy afectado tras la muerte de su compañero de expedición Tolo Calafat en el Annapurna (Himalaya, Nepal). El vitoriano acusaba directamente a la coreana Oh Eun-sun, la primera mujer en subir los 14 'ochomiles', de no haber ordenado a sus sherpas subir a por Tolo.

"Si ella se hubiera puesto más seria con sus sherpas, Tolo estaría con nosotros", narra Juanito. No en vano, el miércoles Oiarzábal desveló que les ofrecieron 6.000 euros a cada sherpa para que subieran a rescatar a Calafat, ya que ellos se encontraban en un mejor estado de forma. Pero ellos se negaron a hacerlo. "Con cinco millones de euros de presupuesto, Oh no ha puesto un puto metro de cuerda", aseveró indignado Juanito.

"Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero se ha perdido la solidaridad en la montaña. Yo hubiera subido", dijo el vitoriano.

"Otro palo más". Así calificó Oiarzabal la muerte de su compañero de expedición en declaraciones a Radio Euskadi. "La sensación es que podíamos haber salvado la vida de Tolo, pero la burocracia y la poca solidaridad que estamos encontrando en los últimos años en la montaña es lo que tiene", censuró.

A tantos metros de altura no existe el dinero, ni los patrocinadores...

Pero, ¿cómo funciona la mente humana a tantos metros de altura? Lluis Giner, director técnico de la Federación Española de Deportes de Montaña, explica a 20minutos.es los entresijos de lo que significa vivir a partir de los 5.000 metros de altura. Efectivamente, en la montaña "el valor de la solidaridad está por encima de cualquier tipo de interés comercial", señala Giner, que asegura que allí arriba "no existen reglas, las únicas son las de la solidaridad humana y la del sentido común".

Giner se explica: "A tantos metros de altura no existe el dinero, ni los patrocinadores... Si alguien necesita auxilio, se le ayudará". Aunque aclara: "Evidentemente, no todos los humanos se mueven por ese criterio. Es algo muy personal". En cualquier caso, esa solidaridad la marca uno mismo. "El patrocinador incorpora una presión adicional, pero no puede llegar más lejos. El timing lo marca la propia montaña, no el sponsor".

¿Qué pasa a más de 5.000 metros de altura? Teniendo en cuenta que "no existe montaña que no sea peligrosa", uno debe de tener en cuenta la "aclimatación por la falta de oxígeno. Los 8.848 metro es la altura máxima (la del Everest) a la que se puede estar. Ahí, por ejemplo, el montañero sólo tiene un tercio del oxígeno que se tiene al nivel del mar".

Hay que tener en cuenta que "el cuerpo humano se adapta, pero hasta cierto punto. En toda ascensión -y más a partir de los 5.000 metros, es imprescindible estar bien comido, descansado e hidratado". Las personas que se encuentren a esa altura pueden sufrir desorientación, malestar e, incluso, edemas cerebrales.  Lluis recuerda, además, que "cuanto menos tiempo se esté a 7.500 metros, mejor".

Hay que conocer los límites

Según Lluis Giner, cada uno debe conocer los límites de su cuerpo. "Hay que ser consciente de tus límites, otra cosa es que uno no quiera verlo por la ambición de coronar una cima". Y recuerda que hay que tener en cuenta que "la cumbre es medio camino". Aunque es el objetivo, en realidad es la mitad de la ascensión".

Hay que ser consciente de tus límites, otra cosa es que uno no quiera verlo por la ambición de coronar una cima

Y tras la cumbre, llega la bajada, mucho "más difícil" que la ascensión. "Debido al cansancio, es más complicada. La fatiga hace mella y, además, hay riesgo de resbalones, advierte Giner.

En cuanto al alto porcentaje de accidentes en la primavera, esto es debido a que "para ascender ocho mil metros, en líneas generales, hay dos épocas: primavera y otoño. La primera estación es más cálida, pero el tiempo es más inestable; por el contrario, el otoño es más frío pero el tiempo es más estable y seguro".