El Real Betis logró la victoria en el Santiago Bernabéu por 0-2 ante un Real Madrid completamente en un planeta que no es este, y no precisamente uno con vida inteligente. Los de Zidane firmaron un partido impropio pero ya habitual y sólo el descaro de Vinicius y Brahim se salvó en medio de un despropósito continuo.

En la primera parte, parca en ocasiones, sólo alguna internada de Vinicius y atrevimientos tímidos de Brahim le dieron vida al ataque blanco, que apenas se acercó con peligro a la meta de Pau con un tiro al palo de Benzema tras error de la zaga bética.

Desprendía sensación de velocidad en los momentos en los que los de Zidane se deshacían de la presión alta bética. Pero poco más. Muy poco más.

Por el lado de los de Setién, un disparo de Bartra que sacó milagrosamente Navas fue la más clara de los primeros 45 minutos.

Brahím rompió en velocidad por la banda derecha al poco de iniciarse la segunda parte. Y le sirvió a Benzema un balón en el que se quedó dormido.

En general, la velocidad del malagueño y de Vinicius por sendos carriles fueron lo poco que dio vidilla a un partido que no era ni de pretemporada.

El descaro del brasileño rompió a la defensa sevillana y fue de lo poco que provocó aplausos en el Bernabéu, sin embargo, como acostumbra, falló en la definición una y otra vez, sin que eso desilusione al madridismo, que tiene en él a lo poco salvable del año junto a un inmenso Benzema, que hoy no brilló.

Pese a las pocas luces, se dio el guión habitual de la temporada: cuando parecía que el Madrid se acercaba, aunque fuera ligeramente, llegó el palo. Guardado le ganó la espalda a un despistado Varane y le sirvió el balón en bandeja a Loren para que adelantara al Betis. Poco después, un disparo lejano de Lo Celso tras jugadón de Carvalho obligó de nuevo a Keylor a ponerse el traje de faena. Un Navas que, al término del partido, se llevó la gran ovación de la tarde en su despedida.

Con poco, el equipo de Setién logró llevarse el partido, una efectividad que solía ser feudo blanco. Da la sensación de que para lograr un gol, los de Zidane tienen que triplicar los esfuerzos.

AL filo del 75, una jugada de Junior terminaba en las botas de Jesé, que ponía la puntilla al Madrid, a quien el excanterano pedía perdón por darle muerte definitiva.

Y así acaba un curso para olvidar, cuyo mayor problema no reside en la ausencia de títulos sino en la sensación en el juego de que a los jugadores madridistas les daba igual ganarlos.

El Betis, que había ganado dos partidos de diez, cerró el año con victoria en el Bernabéu para aliviar el sabor agridulce.

Se espera una revolución en el Real Madrid la próxima temporada, con Zidane al mando, y con la necesidad vital de fichar gol, una de las mayores enfermedades de la ya, por fin, acabada temporada.