Raquel Hernández
Raquel Hernández, con pesas. R. H.

Está orgullosa de su cuerpo y lo mima a diario en el gimnasio. Una dedicación que ha permitido a Raquel Hernández proclamarse campeona del mundo de bodyfitness, disciplina donde lo fundamental es la simetría del cuerpo. "Hay que tener músculo, claro, pero sin llegar al extremo. Es más importante una espalda proporcional al abdomen o unos brazos igual de desarrollados que las piernas", asegura esta catalana, de 36 años.

Todavía choca un poco ver a una mujer tan cachas, pero Raquel defiende que el músculo también puede ser femenino: "Los jueces tienen muy en cuenta la feminidad de las participantes y no se ven marimachos en las competiciones porque está muy penalizado. Tenemos que tener nuestras curvas. En las fotos puede parecer que mi cuerpo es exagerado, pero si me pongo un vestido, no parezco tan musculosa".

Hay que tener músculo, claro, pero sin llegar al extremo

Para lograr esa figura escultural tampoco hace falta vivir en el gimnasio: "No sirve de nada machacarte un día y luego pasarte tres seguidos sin ir. Lo importante es la constancia. Yo me entreno un par de horas, pero todos los días de la semana".

Los complementos vitamínicos y la alimentación son igual de importantes: "Sigo una dieta hiperproteica basada en carnes y claras de huevo, pero también con frutas y verduras. No ingiero demasiada cantidad, pero como unas cinco o seis veces al día. El estómago se acostumbra y pide comida cada tres o cuatro horas".

Ellas deben trabajar más

El pan y los hidratos de carbono prácticamente los ha borrado del menú ("si quieres engordar, come pasta", dice), porque para competir tiene que mantener un nivel de materia grasa del 2% (el porcentaje normal en una mujer ronda del 20%). "Las chicas tenemos que trabajar mucho más que los hombres para eliminar la grasa porque la acumulamos más, sobre todo en las piernas. Hay pocas mujeres sin celulitis", dice.

Raquel se apuntó al gimnasio por primera vez con 22 años, pero fue hace solo cuatro cuando intensificó el entrenamiento para dedicarse al culturismo. "Yo iba al gimnasio, pero sin mucha constancia y entrenándome mal. Fue mi marido, que también es culturista, quien me animó. Dijo que yo podía llegar a ser campeona del mundo y empezamos a entrenar juntos. Al final lo hemos conseguido".

De niña ya soñaba con ese cuerpo

Desde muy pequeña Raquel ya soñaba con desarrollar sus músculos: "Cuando tenía 8 años y mis amigas del colegio leían la Superpop, yo me compraba revistas de musculación porque admiraba esos cuerpos". Raquel no estaba satisfecha con el suyo y decidió apuntarse a un gimnasio para moldearlo a su gusto: "Tenía los glúteos muy salientes y siempre me los tapaba con un jersey porque me daba vergüenza".