Queralt Castellet
Queralt Castellet, en acción en los Juegos de Invierno. EFE

El australiano Ben Jolly, entrenador y pareja de Queralt Castellet desde los 19 años y gran responsable de sus éxitos, falleció de cáncer la primavera de 2015. Justo en el momento en el que ella había alcanzado la gloria tras convertirse en la única rider española en ganar una medalla en un Mundial.

Ironías de la vida que, seguramente, haya cambiado la manera de afrontarla de la deportista. "Me siento muy bien, muy animada. En el aspecto anímico estoy muy bien; y en el aspecto físico, muy fuerte. Hemos hecho una buena preparación, tanto física, como técnicamente", explica Queralt, que indicó que está "muy contenta" con el trabajo de su técnico australiano.

"Creo que hemos congeniado bien", indicó los días previos, en referencia al entrenador Benny Bright, hermano de la rider Torah Bright, oro en Vancouver 2010 e ídolo de Castellet. "A veces es duro trabajar con alguien tan estricto. Pero es lo que queremos hacer, porque el trabajo duro te da resultados", comentó Castellet. Empezó a trabajar con él después del fallecimiento de su mapreja y entrenador, y después de aparcar el deporte durante unos meses e, incluso, de plantearse dejarlo. "Me llaman y, nada, que Ben se ha quitado la vida. Y ahí se me para todo y una de las cosas es el snowboarding. En ese momento no entiendo qué está pasando", relata la deportista a El País.

"Benny me convenció de que en lugar de adaptar las cosas tenía que hacer cosas nuevas dentro del snow, que lo que había hecho antes no se podía cambiar, porque era genial. Tenía que crear un método nuevo. Un plan para empezar de cero. Es lo único que iba a funcionar", relata.

Y esa 'tactica' parece que le ha fundionado bien. Castellet, de 28 años, subcampeona del mundo en Kreischberg (Austria) hace tres años y que en Corea será olímpica por cuarta vez, acaba de ganar el mes pasado la prueba de la Copa del Mundo de Snowmass (Colorado, Estados Unidos), una semana antes de acabar tercera en la de Laax (Suiza). Por lo que llega a PyeongChang apuntando muy alto. Tanto que se ha metido en la final que disputará este martes en la que luchará por, al menos, una medalla.

Aunque ella apunta alto. "No firmo el bronce, yo quiero ganar", declaró hace unos días. "No creo que haya nadie que firme un bronce", dijo la barcelonesa, que no quiere señalar a una rival especial en su lucha por la gloria olímpica.