Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid.
Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid, en el banquillo del Santiago Bernabéu. EFE

La Copa de Europa, y de ello pudo dar buena fe el Fútbol Club Barcelona en la noche del martes ante la Roma, no da respiro nunca. La Juventus, un buen equipo tremendamente castigado en el choque de ida por el Real Madrid, visitó el Santiago Bernabéu sin nada que perder. El encuentro de ida dejó una renta para el cuadro blanco quizás superior a lo merecido, y sólo la magnitud de la figura de Cristiano Ronaldo permitió la goleada.

El equipo blanco tuvo problemas parecidos en Madrid a los vistos en Turín, aunque dos nombres del equipo rival -Pjanic estuvo enorme y vimos la mejor versión de Douglas Costa- los agravaron todavía más. Más allá de eso, el problema blanco fue colectivo: cuando Zidane apuesta por Isco y el rombo en medio campo, tiene un problema para frenar la salida lateral del equipo rival. Allegri, consciente de ello, decidió explotar la salida por las bandas, en especial por la derecha, por un motivo que se vio de forma evidente en los dos primeros goles.

La realidad es que tanto De Sciglio -sustituido por Lichtsteiner- como Alex Sandro, los dos laterales del equipo italiano, ganaban metros y recibían absolutamente solos. Allegri potenció el perfil derecho porque le interesaba que el centro saliera desde allí, puesto que en el otro lado Mandzukic quedaba emparejado con Carvajal, donde la diferencia en juego aéreo a favor del croata es evidente.

Zidane, tras el descanso, buscó la solución esperada, pero los ánimos ya estaban a flor de piel. Lucas Vázquez y Asensio saltaron al terreno de juego para perseguir a los laterales rivales, que es cierto que a partir de ese momento dejaron de tener tanto sitio para ganar metros y centrar. Sin embargo, la gestión del 0-2 era muy complicada en lo emocional, y se notó en la jugada del 0-3, donde Keylor Navas falló estrepitosamente.

El Real Madrid logró acosar a un equipo juventino más replegado en el tramo final, y de hecho en la última jugada del encuentro, un gran salto de Cristiano Ronaldo dejó la pelota muerta en el área, precediendo a la acción de la que se hablará durante toda la semana, después de que Lucas Vázquez, en boca de gol, fuese derribado por Benatia. Zidane quiso reaccionar pronto -algo que no pudo hacer Valverde ante la Roma-, pero la tensión fue tal que estuvo a punto de no llegar a tiempo.