Petra Kvitova
La checa Petra Kvitova se emociona al recibir el trofeo como subcampeona del Open de Australia 2019. EFE

La checa Petra Kvitova jugó este sábado su tercera final de Grand Slam. La nueva número 2 del mundo (iguala su mejor posición en el ránking WTA) perdió 7-6, 5-7 y 6-4 la final del Open de Australia con la gran sensación del momento, la joven Naomi Osaka, que además de llevarse el primer grande del año, es la nueva líder del tenis femenino mundial.

Sin embargo, para ella fue el punto y final a dos años de pesadilla en los que ha vivido un auténtico trauma, que comenzó el 20 de diciembre de 2016. Ese día, un hombre de 33 años entró en su apartamento en Prostejov (República Checa), donde fue herida en la mano izquierda y los dedos al defendese del cuchillo que empuñaba ladrón. Ese día, Kvitova estuvo a punto de tirar la toalla, ya que tenía numerosas heridas de cuchillo en los tendones y los nervios de su poderosa zurda. Llegó a estar meses sin sentir los dedos.

Tras una larga recuperación y tirar prácticamente el 2017, en 2018 empezó a crecer hasta ganar la Fed Cup con su país y el Mutua Madrid Open, para acabar el año 7ª del mundo. Por eso, cuando se clasificó para la final del Abierto de Australia, se las prometía muy felices. Había recuperado su mejor tenis y tenía claro que ganar a Osaka podía suponer no sólo el cierre perfecto a dos años muy traumáticos (ha estado recibiendo ayuda psicológica) en lo personal, sino también en lo deportivo.

No pudo ser, cayó con la nueva número 1 del mundo y acabó llorando en el centro de la pista dentral de la pista de Melbourne. Con la voz entrecortada y lágrimas corriéndole por los ojos, Kvitova explicaba sus sentimientos en este momento.

"Es un día doloroso. Quería ganar y tener el trofeo. Pero creo que ya gané hace dos años. Para mí, es alucinante. Aún no me creo que haya jugado la final. He pasado por muchas, muchas cosas, no muy buenas. No sabía si iba a poder coger una raqueta de nuevo.La estoy cogiendo, y eso es bueno", dijo, mientras el público estallaba en un aplauso.