Pellegrini
El técnico del Real Madrid, Manuel Pellegrini, da instrucciones durante el partido ante el Lyon. EFE

Le define una frase: "Es mejor callar lo que pienso". Un millón por cada pensamiento. Ha terminado la Liga y el albarán de cifras, goles y récords que Manuel Pellegrini presente como defensa no servirá para nada: ridículo en Copa, desastre en Champions y buena Liga sí, avalancha de goles también, pero cero patatero. Nube tóxica para un tipo que sólo entiende los negocios por su rentabilidad.

El presidente del Madrid nunca quiso a Pellegrini y se harta de comentarlo en círculos del gremio. Las calabazas de Wenger y el verbo de Valdano le metieron al chileno con calzador y Florentino Pérez transigió a cambio de título y excelencia, único alivio para el mayor desembolso de estrellas en el planeta: 260 millones...

La temporada terminó sin noticias del uno y apenas destellos de la otra

La temporada terminó sin noticias del uno y apenas destellos de la otra, pero buenas perspectivas futuras, esfera temporal desconocida por estos lares.

Pellegrini caminó por trincheras desde Alcorcón, ciudad dormitorio madrileña donde Guti le mandó a freír espárragos. Reaccionó con mano izquierda ante el díscolo 14 y cualquier indisciplina en el vestuario, donde se ha hecho querer. En plantas superiores, sólo tiene un abogado defensor, Valdano. ¿Con Florentino? Comunicación cero.

Sentencia ante los galos

La lección táctica del Lyon le dejó visto para sentencia...y leña al mono. Desde el despacho y la imprenta –¿conectados?– comenzó la campaña, mientras la sombra de Mourinho crecía, crecía, crecía. El portugués, además, evitó el sonrojo de un Barcelona jugando la final de la Champions en el jardín propio.

Pellegrini, mirada triste, discurso corto, nunca se descompuso y mantuvo sus modales de caballero. Antecesores y sucesores deberían aprender de la elegancia de un hombre cuyo futuro pende en el reino de la impaciencia. ¿Aprendió Florentino de sus errores? ¿Seguro?