Pau Gasol - Kobe Bryant
Pau Gasol celebra una victoria con Kobe Bryant. EFE

Ahora si, después de toda una temporada frustrante, la peor en la historia de Los Ángeles Lakers, pero dedicada por completo a su despedida, el escolta Kobe Bryant se encuentra a las puertas de lo que será el último partido de la brillante carrera de 20 años con la misma franquicia.

Bryant tendrá la oportunidad esta noche, con el Staples Center rendido una vez más a su figura ególatra, de realizar con el balón en sus manos las últimas genialidades a las que los tuvo acostumbrados.

Nadie duda de que Bryant ante los Jazz de Utah, un equipo inconsistente en plena reconstrucción, la misma que necesitarán hacer los Lakers, pero ahora con un año perdido por culpa de su despedida, intentará ser de nuevo la estrella que junto a figuras como el expívot Shaquille O'Neal y el español Pau Gasol ganó cinco títulos de liga.

Por eso, Pau ha querido despedirse del angelino a través de  una carta. Esta.

"Mi primer día en los Lakers, quedé con el equipo en el Ritz de Washington D.C., y a la 1:30 de la mañana alguien llamó a mi puerta. Después descubrí que Kobe no duerme demasiado. Me senté en la cama, creo, y él se sentó en la mesa que había al lado de la televisión. Me dio la bienvenida al equipo, y después me dijo que era 'el momento de ir a por todas'. Era el momento de ganar. Él sentía que yo podía llevarle de nuevo a la cima, y quería asegurarse de que yo lo supiese. 'Ésta es nuestra oportunidad', me dijo. Fue convincente (intenso) y muy significativo.

Éramos perfectos juntos.

Gran parte del triángulo ofensivo se basa en las lecturas del juego, en trabajar los unos con los otros y en entenderse. Yo entendía el juego. Era meticuloso al respecto. Creo que él lo apreciaba. Creo que lo veía como algo refrescante. Nuestra relación fue muy bien desde el principio. Los dos sabíamos que necesitábamos al otro para tener éxito.

En la NBA hay tantos partidos que es fácil dejarse llevar. Él mantenía a todo el mundo preparado. En los entrenamientos, retaba a la gente. Hacía trash talking. Aquello no era para todo el mundo. Algunos jugadores no pueden aguantar todo eso, pero a mí no me importaba. Era su forma de motivarte y empujarte a que dieras más. Es fácil acomodarse. Él se aseguraba de que nadie estuviese cómodo.

Después de perder el sexto partido de las Finales de 2008 ante los Celtics, no hablamos mucho al respecto. Era hora de digerir lo que había sucedido, de preguntarnos por qué nos habíamos quedado cortos y de dejar que ese fuego ardiera dentro de nosotros; dentro de nuestros estómagos. Entramos en la siguiente temporada con una actitud diferente: más fuertes, más agresivos y más decididos. Creo que por eso ganamos los dos campeonatos siguientes.

Si juegas con él, ves todos los días la prueba viva de por qué los más grandes son los más grandes. No es un accidente. Es una obsesión: llegar a ese nivel y mantenerse. La dedicación, el compromiso... Es algo único. No se encuentra por ahí. Él me inspiró para mejorar, me ayudó a reparar en los detalles del juego.

Batimos a los Magic en las Finales de 2009, y todo el mundo estaba muy contento, pero para él era diferente. Tenía un significado especial. El baloncesto era su vida y ganar su devoción. Y no digo que su familia no fuera primero, significa la vida para él, pero el baloncesto le llegaba muy dentro.

Cuando el traspaso de Chis Paul, del que yo iba a formar parte, fue vetado en diciembre de 2011, él fue como un hermano mayor, defendiéndome. Llegado el momento, les dijo a los Lakers, 'si vais a traspasarle, haced lo que tengáis que hacer. Si no, dejadle en paz y dejad que juegue'.

No nos veíamos tanto fuera de la cancha, pero hacia el final comimos bastantes veces los dos solos y recordamos viejos tiempos. Cuando yo estaba decidiendo si debía dejar los Lakers en 2014, él vino a mi casa de Redondo Beach. Me dijo que quería que me quedara en L.A. y luchara junto a él hasta el final de nuestras carreras. Esas fueron sus palabras. Yo le dije que estaba en un momento en el que necesitaba un cambio en mi corazón. Necesitaba cambiar de aires. Fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida, decirle, 'he decidido que no voy a seguir jugando contigo'.

Fiché por los Bulls porque quería estar en posición de poder ganar otro título. No he sido capaz de lograrlo. Le echo mucho de menos. Echo de menos su presencia. Echo de menos su actitud. No hay muchos jugadores que la tengan.

Lo del cisne blanco, el cisne negro, todo aquello no me preocupaba. No me enfadaba. Significaba que a él le importaba. Era amor duro. Me retaba porque esperaba más de mí. Cuando le importas a alguien, entonces es cuando te ponen a prueba. Cuando no les importas, te ignoran. Es entonces cuando te tienes que preocupar.

Puede que esté dolido porque sé lo que se siente al ganar, y adoro esa sensación. Me cambia el estado de ánimo. Me afecta. Creo que ganar extenderá mi carrera y me motivará a hacer más. Estar junto a Kobe tuvo un gran impacto en mi vida. Voy a ser agente libre este verano, y ahora pienso en eso. Quiero sacar el máximo de los años que me quedan. Quiero volver a formar parte de algo especial".