Parkour: la ciudad y sus gatos

  • Cada vez más jóvenes practican esta disciplina que exige combinar agilidad, fuerza e inteligencia para superar obstáculos.: así se practica esta forma de vida.
  • En muchas ciudades de España se puede ver jóvenes haciendo Parkour.
Ryan Doyle, durante una exhibición de parkour en Madrid.
Ryan Doyle, durante una exhibición de parkour en Madrid.
JORGE PARÍS

Ante nosotros, un muro de tres metros de altura sin huecos a los que agarrarse. Pero él corre hacia la pared y acelera, apoya un pie, alza la rodilla y, con la ayuda final de sus manos, supera la pared sin dificultad. Con ustedes, Ryan Doyle: un chico corriente y bajito, jovial y fibroso. Y algo más: un extraordinario traceur.

Como él, muchos jóvenes de Francia, EE UU o España practican el parkour. Es lógico: viendo películas como Yamakasi, videoclips de Madonna, anuncios de Nike e innumerables vídeos en YouTube, cualquiera desearía hacer lo mismo.

Nosotros, los humanos, recorremos cansados y cabizbajos las calles. Ellos, los traceurs, convierten la ciudad en un descomunal juego: saltan de pared en pared, se deslizan por las escaleras y, con los rascacielos de fondo, regalan un ágil espectáculo de fuerza, elasticidad, arrojo y control. Para Doyle, "el parkour es más que un deporte: es una forma de expresión a través del movimiento. Un modo de superar, con el cuerpo y la mente, los obstáculos de la vida".

El niño chiflado

Nacido en 1984, Doyle siempre fue, según sus propias palabras, "el típico niño chiflado". Empezó a andar a los siete meses, se rompió un brazo haciendo una pirueta con 3 años y, tras hacer artes marciales, breakdance y otros deportes, descubrió el parkour con 14 años. "¡Ahora doy exhibiciones por medio mundo, me pagan y tengo a cientos de alumnos en Liverpool!", dice.

Hay una cosa cierta: el parkour, de inmediato, engancha a los jóvenes. A Cristian Sánchez, de 25 años, le picó la curiosidad en Alicante en 2000. "Me reunía con amigos para practicar –explica– y_al principio lo hacíamos a lo loco. Pero vas cogiendo disciplina y entendiendo que el parkour no entiende de competitividad, sino de compañerismo y, ante todo, de superación. Haces cosas cada vez más grandes y ves cómo va creciendo tu eficacia".

Miembro de MADD (Madrid Arte del Desplazamiento), Sánchez afirma que en el parkour, aunque cada practicante tenga su estilo, hay también mucha técnica. "Es muy personal, pero al aprender ciertos trucos sientes cómo el movimiento fluye por tu cuerpo y superas obstáculos como quien sube escalones". Monkeys, reversos, grimpeos... movimientos vistos en la Red pero que solo llegan a dominarse a base de entrenamiento.

¡Cuidado con los golpes!

"Cuando llegué a Madrid en 2004 –explica Sánchez–, nos reuníamos unas 20 personas. Ahora vas a entrenar y ves a más de 50 chicos: definitivamente, a la gente le gusta cada vez más". En cada ciudad española es fácil ver a grupos de chavales haciendo piruetas: en Madrid, en la plaza Pablo Picasso de Azca o en el parque Juan Carlos I; en Barcelona, en la Villa Olímpica o en Pedralbes...

La lista de lugares para practicar parkour es infinita. ¿Requisitos? Para Sánchez, "empeño, dedicación e insistencia. Y también, por supuesto, tener dos dedos de frente: hay que seguir los consejos de los que saben más que tú y conocer bien tus límites".

Viendo a Doyle desplazarse como un spiderman vesti-do de calle, uno se pregunta por los golpes que se habrá pegado. "No han sido pocos –reconoce–. Tengo titanio en ambas piernas, me he lesionado los hombros y he perdido algún diente... Sí, puede ser peligroso, aunque no tienes por qué llevarlo al extremo: cualquiera puede hacer parkour y no lesionarse".

Sánchez, por ejemplo, solo recuerda un tobillo fracturado y varios esguinces. Para prevenir accidentes y lesiones, los consejos acostumbrados: estirar antes y después de entrenar, calentar bien, llevar calzado y ropa adecuados, descansar y entrenar siempre acompañado por alguien que vigile las presumibles caídas. Tendones, ligamentos y articulaciones lo agradecerán, permitiéndonos desplazarnos como auténticos felinos urbanos.

Una carrera sin límites

El parkour nació en la ciudad francesa de Lisses, donde todavía es frecuente ver a chicos imitar a David Belle y Sébastien Foucan, los creadores de esta disciplina. Belle, hijo de militar y bombero, se crió en un ambiente marcado por la disciplina y el esfuerzo físico: no tardó en convencer a su amigo Foucan de desarrollar unas técnicas que les permitieran moverse de forma libre y espectacular: años después, seguidores de todo el mundo les imitan. Con el tiempo y el éxito ambos separaron sus filosofías: Foucan es ahora el líder espiritual del freerunning, muy similar al parkour.

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