El monoplaza de Niki Lauda entró a 240 kilómetros por hora a la curva de Berwerk durante la segunda vuelta de la carrera en Alemania, perdió el control del vehículo e impactó contra el muro. Ya en llamas, recibió la embestida casi frontal del Surtees-Ford de Brett Lunger. Sin comisarios ni coche de bomberos a la vista, fueron los propios pilotos los que acudieron al rescate del compañero. El propio Lunger, además de Harald Ertl, Guy Edwards y, sobre todo, Arturo Merzario, que se adentró en las llamas para sacar al austriaco.

Las condiciones del circuito de Nurburgring en 1976 ya eran lamentables. De manera premonitoria, el propio Lauda había promovido una iniciativa para boicotear dicha carrera por su falta de seguridad, pero fuera de la pista no encontró la complicidad de sus compañeros. Hasta cinco pilotos habían muerto en circuitos durante el año anterior y el miedo a la muerte del campeón vigente sobrevoló el paddock. Venía de ganar cuatro de las seis primeras, quedando segundo en las otras dos. Cuentan que durante los cuatro días que estuvo en coma en el hospital University de Mannheim e incluso se le llego a dar la extremaunción. Tenía quemaduras de tercer grado en la cabeza y en ambos brazos, varios huesos rotos y dañados seriamente los pulmones por la inhalación de humos.

Un mes y medio más tarde, Niki Lauda, en uno de los milagros más recordados en la historia de este deporte, volvió al volante en Monza. Acabó cuarto aquella carrera, aunque con los años confesó que: “estaba muerto de miedo. Vomitaba por el terror, pero era intolerable para un piloto tener miedo. Cuando el coche arrancó y empecé a conducir, supe que lo peor había quedado atrás, que había logrado cruzar el umbral.”

El austriaco tuvo unas evidentes secuelas físicas, muy visibles en su rostro, perdiendo gran parte de su oreja derecha, de su cabello y de sus cejas. Siempre tuvo una gratitud eterna hacia los pilotos que le rescataron. Lauda peleó el título aquel año hasta la última carrera, retirándose en la segunda vuelta. Aquel campeonato, convertido en película con el tiempo, lo ganó Hunt con su McLaren. Áquel 1 de agosto de 1976 quedó como una de las fechas más señaladas en la historia de la Fórmula 1. Lauda no murió aquel día. Sin embargo, nació la leyenda.