Rafa Nadal, desplegable
Rafael Nadal en una conferencia de prensa del Abierto de EE UU. PETER FOLEY / EEUU
En un territorio naturalmente adverso para las expectativas españolas, Rafael Nadal emprende la carrera hacia el Abierto de Estados Unidos, para romper con otra losa histórica y estrechar el cerco sobre el suizo Roger Federer, del que aún le separan 2120 puntos.

De momento, el territorio norteamericano no está siendo muy bueno para el jugador de Manacor quien, tras el triunfo en Stuttgart, ha iniciado una fase sin buenos resultados.

El primer paso fue en Montreal, donde llegó hasta semifinales antes de caer ante el serbio Novak Djokovic, que venció en la final a Roger Federer.

Sin embargo, la alarma saltó en Cincinnati, cuando el mallorquín abandonó en el transcurso de su primer partido, ante el argentino Juan Mónaco, debido a una deshidratación.

¿Está en plena forma?

La situación física con la que afronte el torneo de Nueva York es la principal preocupación del español. Tras su retirada en Cincinnati y la amenaza de la tendinitis que padecen sus rodillas, la salud del jugador es una circunstancia directamente relacionada con su rendimiento deportivo.

Lo de Cincinnati fue una situación extraña. Me sentí mal durante el partido y dos días después estaba mejor"

"Estoy entrenando duro aquí. He hecho una buena preparación para este torneo. He jugado en Montreal, y en Cincinnati tuve problemas. Llegué el domingo pasado y he estado una semana antes preparando el torneo. Espero que eso me ayude aquí", ha dicho Nadal tras restar importancia a los problemas que padeció en Cincinnati, una deshidratación que forzó su retirada.

"Me siento bien. Aquello no fue un gran problema. Fue una situación extraña. Me sentí mal durante el partido y dos días después estaba mejor. Ahora estoy mucho mejor. Entrené cuatro horas ayer. No hay problema", ha declarado.

El tenista balear no entrará en acción en las pistas de Flusing Meadows hasta, probablemente, el miércoles. Frente al australiano Alun Jones, un invitado directo de la organización que nunca ha estado entre los cien primeros del mundo.

Un torneo con mucho acento español

Nadal nunca ha sobresalido en Nueva York, donde tiene fijado su tope en los cuartos de final que obtuvo el pasado año, donde perdió contra el ruso Mikhail Youzhny.

El último español que brilló en este Grand Slam fue el valenciano Juan Carlos Ferrero, que sólo han sido capaces de ganar, en toda la historia, Manolo Santana y Manolo Orantes. Ferrero fue finalista en el 2003, en su mejor año, en el que ganó Roland Garros y llegó a ser número uno del mundo. Perdió con el estadounidense Andy Roddick.

En primera ronda, Ferrero se encontrará con el toledano Feliciano López, con el que perdió recientemente y que exprime su rendimiento en superficies rápidas. Por esa parte del cuadro pasará Roger Federer.

Sólo jugarán tres españolas en el Abierto estadounidense

Tommy Robredo y Fernando Verdasco despuntaron en Flusingh Meadows el pasado año. El catalán, igual que Carlos Moyá, empezará ante un rival de la fase de clasificación. Sin embargo, la cuesta del madrileño es empinada desde el principio, ya que le espera el francés Paul Henri Mathieu.

Junto a Nicolás Almagro, Rubén Ramírez Hidalgo, Albert Montañés, Guillermo García López, David Ferrer, Iván Navarro Pastor y Oscar Hernández, completan el grupo de españoles que componen la línea de salida del torneo masculino de Estados Unidos.

En chicas, la representación es exigua. Sólo Virginia Ruano, Anabel Medina y Lourdes Domínguez, a las que les aguarda un efímero devenir en Flushing Meadows.