La raqueta era más grande que aquel niño de tres años. «Venga, a ver cómo le das», insistió su tío...

La historia comienza en ese momento, cuando Rafael Nadal Parera, el hijo de Sebastián y Ana María, juguete del clan, cogió la raqueta. A los 4 años, Toni Nadal comenzó a modelar a su sobrino, como persona primero, tenista después. Su relación va más allá de lo familiar: «A mi tío le quiero, le respeto y, sobre todo, le escucho», ha dicho el campeón de Wimbledon 2008. «Gracias a él, alcancé mis sueños», confesó la sombra, Toni.

Sabíamos que era especial, pero nunca se lo dijimos (Toni Nadal)

Trabajo, esfuerzo y familia. El clan Nadal siempre tuvo claro los pilares que escoltarían la vida de Rafael. Siempre prefirió su vida de entrenamiento, pesca y paellas vespertinas en los domingos de Manacor. El éxito llegó por lógica:?«Sabíamos que era especial, pero nunca se lo dijimos», explica Toni, atento para atar a su sobrino a la tierra. «Sólo eres un chico que sabe pasar una pelota por encima de la red», le dijo tras su primer R. Garros.

Rafa Nadal, en varios momentos de su vida. (RBA Editores)

No todo fue dicha. La convivencia con las lesiones ha sido constante: su pie, su maldita lesión en el pie le llevó en diciembre de 2005 a la desesperación, a los portazos, a tardes en soledad frente al mar, llorando y preguntándose si volvería a jugar algún día.

Ayer, nada más ganar Wimbledon -el sueño ya real- viajó a Stuttgart para disculparse: su rodilla debe descansar y no jugará en Alemania. Mañana o pasado, quizás, volverá a Manacor, al club de tenis, se entrenará hasta que anochezca y a casa, no sin haber barrido toda la pista para que el siguiente la encuentre limpia. Antes que nada, la educación y los valores del clan, la primera razón del éxito de Rafa, el juguete familiar, el mejor tenista español de la historia.

El héroe vuelve a Mallorca 

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