Andy Murray
Federer se lamenta tras la final perdida con Murray, junto al trofeo, en Sanghái. EFE

El británico Andy Murray se hizo con su segundo título de esta temporada y el decimosexto de su carrera al vencer este domingo al suizo Roger Federer por 6-3 y 6-2 en la final del Masters 1.000 de Shanghái.

Murray derrotó a Federer, desquiciado gran parte del partido ante la impotencia de no poder sobreponerse al dominio de su oponente, en una hora y 25 minutos. El jugador de Dumblane permanecerá el lunes en el cuarto puesto de la clasificación mundial, mientras que Federer, que no jugó aquí el pasado año, recuperará el segundo.

Ganador en Toronto el pasado agosto, al imponerse también a Federer en la final, Murray lleva ahora un balance de 8 victorias por 5 derrotas ante el suizo.

Con seis saques directos, 20 golpes ganadores y un 83% de puntos ganados con el primer servicio, Murray sentenció la contienda con autoridad salvando los seis puntos de rotura de que dispuso Federer y transformando cuatro de los ocho que dispuso.

Sin entrenador, puesto que probablemente anunciará durante el Masters de Londres, pero con las ideas muy claras ("debo ser agresivo si quiero tener opciones de ganar", había dicho el sábado tras derrotar al argentino Juan Mónaco en las semifinales), el escocés de 23 años plasmó sobre la pista del Estadio Qi Zhong toda su sapiencia tenística, con un revés a dos manos demoledor que pilló a Federer casi siempre al contrapié.

El suizo intentó acelerar el ritmo de juego pero hoy no fue su día. Cometió 30 errores no forzados, casi el doble que su rival, y falló golpes de libro, como un remate a media pista en el séptimo juego del primer set que envió a cinco metros del fondo.

Su saque tampoco fue una garantía, tal vez porque el británico ha aprendido a mantener la calma contra Federer, con el que perdió la final del Abierto de Australia este año, y ya restó en la final de Toronto, en una pista muy similar, con la precisión de hoy, tomando la bola rápidamente, para ganar allí por 7-5 y 7-5.

Poco a poco Federer se fue desesperando, mientras Murray jugaba cada vez con mayor seguridad desde el fondo. El suizo salvó una bola de partido antes de entregarse a la segunda y se fue de Shanghái con un amargo sabor de boca. No obstante, en la entrega de trofeos, fue capaz de poner en práctica las lecciones que está tomando del mandarín y se atrevió a decir en este idioma "me encanta China", para deleite de sus fieles seguidores.