Michele Ferrari
El doctor Michele Ferrari, en una imagen de archivo. YouTube

Michele Ferrari es sinónimo de dopaje. En 2012 fue suspendido a perpetuidad por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) pero su nombre regresa periódicamente a los titulares igual que algunas muestras de orina son descongeladas años después de llegar al frasco.

Esta vez, Ferrari vuelve a la actualidad al hilo del testimonio de Luis García del Moral, antiguo responsable médico de la Real Federación Española de Ciclismo, que declaró ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) que el conocido como ‘El Mito’ o, de manera más gráfica, ‘Doctor Dopaje’, fue contratado para ejecutar un programa con la selección española de ciclismo en pista que compitió en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.

En aquellos años -entre 1993 y 1998, según García del Moral- las prácticas de Ferrari eran ya un secreto a voces en el pelotón. Los noventa fueron los años de la EPO sintética, con la que Ferrari hizo fortuna de forma literal. También suministraba hormona del crecimiento y esteroides anabolizantes, y practicaba transfusiones de sangre.

Su maestro fue otro médico controvertido, Francesco Conconi, precursor de técnicas tan avanzadas que, durante algunos años, ni siquiera se consideraban dopaje. Una de las primeras colaboraciones entre ambos, cuando Ferrari tenía poco más de 30 años, fue preparar a Francesco Moser para batir el récord de la hora, en 1984. El propio Moser reconoció años después  que ese programa implicó dopaje sanguíneo, que entonces no estaba prohibido. Como en una escapada, ambos se especializaron en correr por delante de las leyes.

El médico de Armstrong

Ferrari no trabajaba con equipos, sino directamente con los corredores. Por su consulta pasaron velocistas como Mario Cipollini, escaladores como Claudio Chiappucci o Fernando Escartín y un buen número de ganadores de grandes vueltas, como Gianni Bugno, Denis Menchov, Tony Rominger, Abraham Olano, Alexander Vinokourov y Cadel Evans. Olano, por ejemplo, siempre recordaba que él no había dado nunca positivo en un control cada vez que le preguntaban por su relación con el médico.

El cliente más conocido de Ferrari fue sin duda Lance Armstrong. El ciclista estadounidense ganó siete Tours de Francia seguidos entre 1999 y 2005, de los que luego fue desposeído. En su célebre confesión televisiva, cuando admitió haberse dopado, se excusó diciendo que en aquel momento no era consciente de estar haciendo trampas, sino tan sólo de pelear “en igualdad de condiciones”. Según Ferrari, Armstrong hubiera tenido el mismo nivel sin recurrir a la EPO, ya que tenía "un talento muy superior al de sus rivales de la época".

La caída de Armstrong fue también la de Ferrari. Según el ciclista, aquel programa de dopaje fue “sin duda profesional y sin duda inteligente, pero muy conservador". Y se refirió al doctor como “un buen hombre”.