Messi, con la camiseta del Barcelona.
Messi, con la camiseta del Barcelona. EFE

El Barcelona dejó algunas dudas en su debut en la liga 2018/2019. Finalmente se impuso al Alavés y logró sacar los tres puntos, pero las sensaciones no fueron demasiado buenas, al menos durante la primera media hora de juego. Eso, en lo colectivo, porque en lo individual, Leo Messi volvió a brillar con luz propia, siendo absolutamente decisivo en el triunfo del equipo culé, anotando dos goles, dando dos palos, y regalando varias asistencias.

Valverde apostó por un medio campo compuesto por Rakitic, Busquets y Sergi Roberto, que se mostró demsaiado plano en ataque, y el técnico cacereño tuvo que apostar por Coutinho después del entretiempo para tratar de agilizar el juego con balón. En cualquier caso y a pesar de que el brasileño trasladó algo de energía al equipo -de hecho marcó el 2-0-, volvió a ser el crack argentino el que fue gran protagonista del encuentro.

En un partido en el que a su equipo le estaba costando mucho desbordar al rival, Messi generó las mejores opciones. Primero dejó mano a mano a Dembélé, y antes del descanso estrelló una falta en el larguero. En la segunda mitad y ante el tedio de la grada, logró hacer el gol número 6.000 del equipo culé en la liga española. Fue una jugada individual, provocó una falta en la frontal del área, y él mismo la coló por debajo de la barrera. Todavía le quedó tiempo para mandar otro balón al palo,  regalar un gol a Coutinho, que erró, y culminar su exhibición con un maravilloso gol en el tiempo de descuento que significó su doblete.

Las sensaciones colectivas del Barça no son las mejores. Ya sin Iniesta, el equipo perdió el último reducto del equipo que maravilló con Pep Guardiola, y aunque se sabía que el relevo del manchego y de Xavi no iba a ser en absoluto sencillo, parece que va a ser una temporada en la que el astro argentino va a tener que apagar más fuegos que nunca. De momento, ha empezado con buen pie.