Los marines estadounidenses están hechos de otra pasta. Aunque el 'cliché' suena más cinematográfico que otra cosa, en el caso de Micah Herndon se cumple de sobra. Este veterano, bregado en Irak y Afganistán, ha protagonizado una de las imágenes más comentadas de la maratón de Boston.

Cuando faltaban pocos metros, Herndon se derrumbó, totalmente exhausto. Desde el suelo, lejos de rendirse y retirarse, sacó fuerzas de donde parecía que no había y empezó a arrastrarse hasta llegar a la meta. En su mente sólo había una cosa: rendir tributo a sus compañeros de escuadrón muertos por una bomba en Afganistán en 2010.

Los miembros de la organización trataron de levantarle, pero él pidió que le dejaran seguir, aunque fuera a gatas. Lo había prometido por sus 'hermanos' caídos, y debía cumplir su palabra. La imagen pronto fue captada por el público aledaño, que emocionado le daba ánimos.

Este tipo de actitudes se suelen dar mucho en personas que salen adelante tras una tragedia. La llamada 'culpa del superviviente' es un síndrome psiquiátrico que afecta a aquellos que sienten que han hecho mal por sobrevivir a un hecho traumático mientras otros no.

Sea por esto o por la camaredería y hermandad que se crea en el cuerpo de marines, lo cierto es que Herndon siempre ha vivido desde 2010 con sus tres compañeros muertos en la mente. "Corro en su honor. Ellos no están aquí. Yo sí, y soy capaz. Tengo suerte de tener todos mis órganos. Puedo seguir activo. Encuentro combustible en la simple idea de que puedo correr. Algunos no pueden", reflexionaba Herndon en el 'Record-Courier' de su Ohio natal.

"Si tengo un golpe de calor mientras corro, o me duelen los pies o estoy cansado, digo sus nombres en alto para mí mismo. Ellos lo pasaron mucho peor, así que corro por ellos y por sus familias", confiesa el marine, que completó el maratón de Boston en un tiempo de 3 horas y 38 minutos.