Celta - Sevilla
Marcelo Díaz, en el centro, con Ever Banega y John Guidetti durante el Celta - Sevilla de Copa. EFE

No todos los héroes se dibujan con los pectorales bien formados y un destello en la sonrisa. Los hay que viven camuflados en cuerpos convencionales o incluso en algo menos que eso. Lo sabrán si tienen años suficientes: la pulcritud estética es un insulto a la imaginación. Superado el primer obstáculo, el prejuicio, se vislumbra mejor a ese pequeño futbolista (1’66) que asoma por el mediocampo del Celta de Vigo, incansable en la tarea y dedicado a ella con la aplicación de un operario. Se llama Marcelo Díaz. Quienes lo conocen se descubren a su paso y quienes no tienen el gusto lo harán pronto.

Ha hecho historia en la Universidad de Chile, la selección chilena, el Basilea y el HamburgoInsisto en la heroicidad como su condición esencial. El chileno Marcelo Díaz, de 30 años recién cumplidos, es un futbolista que ha hecho historia en la Universidad de Chile, la selección chilena, el Basilea y el Hamburgo. El dato es relevante para admirar su trayectoria y para proyectarlo hacia el futuro más próximo: el Celta afronta un momento histórico para el que necesitará hombres extraordinarios.

El elogio tiene fundamento documental. Iniciado en la cantera de la Universidad de Chile, Marcelo Díaz regresó al club después de un traspaso que sonó a destierro (Deportes La Serena). Quien le reclamó no fue otro que Jorge Sampaoli, lo que ya supone un certificado de garantía. No tuvo mal ojo Don Sampa: su equipo ganó en 2011 el Apertura, el Clausura y la Copa Sudamericana, primer y único título internacional de la U.

Y fue entonces cuando comenzaron los prodigios. Díaz marcó un gol decisivo contra el Flamengo en octavos de final de la Sudamericana, un zurdazo impropio de un diestro tan disciplinado. La temporada siguiente, otros dos goles de Marcelo Díaz (uno de falta y otro en la tanda de penaltis) auparon a la Universidad de Chile hasta las semifinales de la Libertadores. Toca decir que para patear libres directos con la precisión de un relojero no hace falta el glamour de Beckham o Cristiano. Basta con un pie suficientemente adiestrado y no hay mayor democracia estética (quizá comunismo) que la de las extremidades de los miembros inferiores, como bien saben los pedicuros.

El Basilea debió compartir la analogía con los relojeros porque se lanzó a por su fichaje. Y tampoco le fue mal: campeón de la SuperLiga suiza en 2012-13 y 2013-14. Ya no había rastro del lateral derecho de sus inicios. Marcelo Díaz alternaba el pivote defensivo con el ofensivo, intercalando labores de fontanería y arquitectura, según fuera menester y siempre con el mismo entusiasmo.

En Hamburgo sólo necesitó 6 meses para convertirse en héroeHasta en Hamburgo lo vieron claro. Allí sólo necesitó seis meses para convertirse en héroe. Su gol de falta, conseguido en el tiempo añadido del segundo partido del playoff por el descenso, salvó al equipo (forzó la prórroga) y provocó una edición especial de camisetas conmemorativas.

Entretanto, su carrera en la selección se desarrollaba con el mismo brillo, tal vez más. Por resumirlo: Copa América 2015 y Copa Centenario 2016.

El utilero de la Universidad de Chile, Moisés Vennekool (fallecido el pasado verano), le apodó “Carepato” por su presunto parecido con los palmípedos más comunes y todavía le dura el mote, aunque no reniega. Más bonito fue cuando le llamaron el “Xavi chileno”, si bien habría que encontrarle un lugar entre los patos y los cisnes.

“Hincha de la gloriosa Universidad de Chile”, tal y como se define en su cuenta de Twitter, Marcelo Díaz afronta el reto de inscribir su nombre en la historia del Celta tal y como hizo antes en todos los clubes por los que pasó. Lo tiene todo a su disposición, incluido un equipo que define su personalidad con el mestizaje de lo argentino y lo chileno, una combinación de caracteres que se ha demostrado altamente exitosa.

Si encendemos el foco y lo colocamos sobre el héroe que disimula es, sencillamente, porque el prodigio podría ocurrir este miércoles, Copa del Rey, estadio de Mendizorroza, última estación hacia la final contra el Barcelona.

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