Maradona
De izquierda a derecha: Maradona, durante su juventud, con el Barcelona, con Argentina y tras su retirada. (Archivo)

Diego Armando Maradona, "El Pibe", "El Pelusa", "La mano de Dios" o "El 10" daba sus primeros pasos hacia el estrellato hace 30 años. Fue el 20 de octubre de 1976 cuando el futbolista más famoso y del que más se ha escrito y hablado en todos los idiomas en el último tramo del siglo XX debutó en la Primera División del fútbol argentino.

Era un miércoles, y en el modesto estadio del Argentinos Juniors, donde se formó, 7.700 aficionados pagaron la entrada para ver el partido del equipo profesional del club frente al Talleres de Córdoba correspondiente al campeonato Nacional.

Pocos imaginaron que serían testigos de un hecho histórico y muchos más aseguraron haber estado allí esa tarde de calor agobiante. Sus parientes, sus amigos e incondicionales hinchas del Argentinos Juniors en el barrio de La Paternal estaban enterados de que, al menos, jugaría unos minutos, por que el técnico Juan Carlos Montes lo había convocado para ir al banquillo.

Tenía sólo 15 años y llegó porque asombraba

Faltaban diez días para que cumpliera los 16 años. Soñaba con ser campeón y jugar un Mundial, como lo dijo en una entrevista de la televisión en blanco y negro cuando asombraba en los torneos infantiles en los que participaba con el equipo "Los cebollitas", que dirigía su descubridor, Francisco "Francis" Cornejo.

Ganaba Talleres por 0-1 y estaba por terminar la primera parte del partido. "Montes, que estaba en la otra punta del banquillo, giró la cabeza hacia mí y me clavó la mirada como preguntándome '¿Se anima?' Yo mantuve la mirada y esa, creo, fue mi respuesta. Enseguida empecé con el calentamiento y en el arranque del segundo tiempo entré", comentó Maradona años después en su libro "Yo soy el Diego".

¿Se anima? Yo mantuve la mirada y esa, creo, fue mi respuesta



"Vaya Diego, juegue como usted sabe, y si puede tire un caño" (pasar el balón entre las piernas del rival), le dijo el entrenador en el momento en que sustituía al centrocampista Rubén Giacobetti.

"Le hice caso: recibí la pelota de espaldas a mi marcador, que era Juan Domingo Cabrera, le amagué y le tiré la pelota entre las piernas; pasó limpita y enseguida escuché el 'Ooooole' de la gente, como una bienvenida", recordó "El 10", que ese día tenía la camiseta número 16.

Ese "caño" fue el recurso que lo marcó para siempre ante la afición argentina. Argentinos Juniors perdió el partido, pero a muy pocos le importó ese detalle. El país entero hablaba del pibe de oro en los días siguientes, y nunca dejó de hacerlo.

"Pelusa" o "Pelusita" era el apodo de aquel pequeño malabarista que, hasta pocas semanas antes del debut soñado entretenía a los espectadores en el descanso de los partidos que disputaba el equipo profesional del club, haciendo piruetas con un balón que nunca dejaba botar en el suelo.

"Pelusa", Diego, o "el morochito" (pelo negro) de Villa Fiorito -donde comer todos los días era poco menos que una hazaña-, se convirtió rápidamente en Diego Armando Maradona, el astro del fútbol que asombró al mundo con sus genialidades en los campos de juego y sus desplantes al poder y que tuvo en vilo a millones de aficionados y admiradores con sus problemas con la droga.

Pero esas son otras historias...

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