Raúl
Raúl celebra un tanto, en una foto de archivo. (Efe) EFe

El Madrid ha pasado en solo una semana del infierno al cielo.

Hace una semana era un equipo desahuciado , en el que nadie, ni si siquiera los propios jugadores creían.

Hace una semana nadie creía en el Madrid; ahora aspira a todo

Siete días después, una victoria ante el Steaua y, sobretodo, el triunfo en el clásico ante un desdibujado Barcelona, le dan mucho crédito y el derecho a soñar con metas mayores.

El Real Madrid renace y regaló, para celebrarlo, a su afición una merecida victoria sobre el líder Barcelona (2-0), que encajó su primera derrota de la temporada y dio síntomas de una flaqueza impensable en anteriores temporadas.

Dos excelentes incursiones por la derecha al principio de cada tiempo desarbolaron al Barca en un clásico que hizo honor a su condición, con fases de gran juego y numerosas ocasiones.

El primer gol fue un preciso centro de Sergio de Ramos que el capitán Raúl cabeceó a su antojo a la red al anticiparse a Zambrotta y Thuram.

El segundo y definitivo tanto fue un servicio de Robinho, uno de los más destacados, que Van Nistelrooy clavó ante la errática salida del portero Valdés.

Fueron dos goles, pero el Madrid pudo haber obtenido una goleada de escándalo si el larguero no hubiera repelido sendos remates de Raúl y Nistelrooy.

Dos goles al comienzo de vada período acabraon con un desdibujado Barça

Las dudas viajan a Barcelona

Parece que Capello ha encontrado su once tipo, justo en el plazo de los cincuenta días que señaló el italiano.

El Barça, por contra, se carga de dudas. Las tiene Rijkaard que gestionó mal el once titular y los cambios, sobre todo cuando retiró a Deco demasiado pronto.

Al Barça le pasó lo mismo que en Londres: fue de más a menos.

Llegó a dominar al Madrid y estuvo cerca del empate durante veinte minutos, pero se quedó sin ideas. Sus jugadores, más estáticos que nunca, no se demarcaban y Ronaldinho, inmerso en una crisis de juego, y un día más estuvo desaparecido. Y el equipo lo acusó.

Y es que tan sólo dos partidos, una derrota en Londres y este clásico, han bastado para cambiar la tendencia.

Las dudas, aún es pronto para hablar de crisis, viaja a Barcelona.