Luis Suárez
El uruguayo Luis Suárez celebra un gol ante el Real Madrid. EFE

Aunque nos empeñemos en polemizar sobre lo evidente, la única discusión admisible en el fútbol actual es quién es el tercer mejor jugador del mundo. Según los premios que la FIFA acaba de entregar, el francés Griezmann lo habría sido la temporada pasada. Decisión respetable y reconocimiento a su irrupción como estrella emergente, 22 goles en la Liga con el Atlético y mejor futbolista de la Eurocopa, además de Bota de Oro del torneo (6). Dicho lo cual, conviene recordar que Luis Suárez marcó 40 goles en la misma Liga que Griezmann, un registro que le convirtió en máximo artillero del campeonato y acabó con el dominio goleador de Cristiano y Messi en los últimos siete años. Nada menos.

Que Luis Suárez fuera incluido en el Once Ideal en compañía de los monstruos antes citados y en detrimento de Griezmann corrige en cierta medida su ausencia del podio mundial. Sin embargo, sospecho que al interesado nada le resulta satisfactorio si viene de la FIFA. El mismo organismo que le sancionó con cinco meses sin fútbol por el mordisco a Chiellini, eligió un retrato inapropiado para ilustrar su presencia entre los once mejores. Así se criticó desde el entorno del barcelonismo, prensa incluida. Mientras el resto de futbolistas se mostraban con caras adustas o mínimamente sonrientes, como corresponde, Luis Suárez aparecía con una mueca que, más allá de su risa, conducía directamente a sus dientes. Sal en la herida. Por cierto. Aun antes de que el Barça anunciara que no acudiría a la Gala, lo hizo Suárez, en la semana previa. La relación con la FIFA está rota y el ejemplo de Maradona es la única esperanza de reconstrucción: si él ha podido amigarse, cualquiera puede hacerlo.

La relación con la FIFA está rota y el ejemplo de Maradona es la única esperanza

Pero volvamos a las listas. En 2015, The Guardian clasificó a Luis Suárez como el cuarto mejor futbolista del mundo, por detrás de Messi, Cristiano y Neymar. Nuevamente opinable. Hay que entender que el periódico inglés evaluaba la temporada en curso y la proyección, casi infinita, del delantero brasileño, 22 goles en la Liga y un futuro tan brillante que invitaba a observarlo con gafas de sol.

De haber ampliado la mirada, The Guardian habría advertido la incomparable trayectoria de Suárez. Goleador implacable en el Liverpool (82 goles en 133 partidos) y en el Ajax (111 en 159), por no mencionar su contribución a la selección uruguaya, el tercer puesto en la Copa del Mundo 2010 o el triunfo en la Copa América 2011. Tal vez a los analistas ingleses les ocurra como a los señores de la FIFA: que los éxitos y la sonrisa de Luis Suárez sólo les sirva para fijarse en sus dientes.

Al Real Madrid le sucedió igual: después del incidente con Chiellini, se retiró de la puja por el delantero. El Barcelona todavía lo agradece. El equipo había entrado en una peligrosa retórica de orfebrería sin más goles que los que hacía Messi. Con Suárez se añadió un punto de brutalidad goleadora y anímica que sostiene al Barça y libera a Messi hasta que Neymar decida lo que quiere ser de mayor: Denilson, Robinho o Pelé.

Es muy posible que esta misma noche, en partido de Copa contra el Athletic, Luis Suárez alcance los cien goles como futbolista azulgrana (suma 99 en 119 partidos). La cifra será celebrada porque nos gustan los números opulentos y redondos, pero nada cambia. Con o sin gol, con o sin el reconocimiento de las listas oficiales, Suárez sigue siendo el tercer mejor futbolista del mundo. Por delante de Neymar, Bale y Griezmann, fabulosas estrellas que aún, y se hace tarde, no han emergido del todo.

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