Marta Mangué: "Veía que no se acababa el partido…pero sabía que ganaríamos”

Mangué, tras el partido del bronce olímpico
Mangué, tras el partido del bronce olímpico
R.R.V.

Posiblemente, fue el partido más intenso de todos los Juegos Olímpicos. 80 minutos a toda pastilla y al final, solo un ganador del bronce olímpico de balonmano femenino: España.

Las ‘guerreras olímpicas’ ya no podrán desprenderse de un sobrenombre al que rindieron culto. Aquello no fue un partido, fue una montaña rusa de sensaciones y sentimientos. Acabada la gasolina y la pizarra táctica, tocó rebuscar en la parcela épica. Fue el momento de la portera suplente española, Ciobanu.

No ha disputado en los Juegos ni un solo minuto de partido, y saltó al campo para intentar detener cuatro penaltis en distintos momentos decisivos: paró los cuatro. “Por eso la trajimos”, diría después el técnico Jorge Dueñas.

Dueñas, el hombre calmado, tampoco pudo controlarse. Se marcó una voltereta poco ortodoxa y liberó toda la tensión acumulada, que fue mucha. “En las prórrogas las veía muy bien. Estaba confiado porque las veía muy bien en defensa, solo había que aprovechar algún ataque.

Celebración con gritos corales

Y luego, Ciobanu nos dio el bronce”. “Sabía que ganaríamos, pero es que el partido no se acababa, y no se acababa, como las lentejas”, añadía Marta Mangué envuelta en una bandera española. Un instante después, Marta se quedó en estado de shock y ya no fue capaz de hablar: “Lo siento, no sé lo que me pasa pero es que no puedo decir nada. Dios mío, estoy en shock total, nunca me ha pasado algo así”.

“Como quiero a estas chicas, se lo merecen todo. Hemos reaccionado por coraje, fuerza y todo el corazón”. Begoña Fernández, la capitana, salía molida pero ya se preparaba para la noche. “Será muy larga, hasta que el cuerpo aguante, que espero que aguante”.

Jorge Dueñas recobró el temple para mandar un mensaje: “Espero que esto demuestre que hay que invertir en lo femenino. El deporte de chicas también es deporte, es un espectáculo y con un poco de apoyo mira lo que hacemos”. La última en marcharse, aun zombie, era Mangué: “The night is young”, chapurreó. Y luego, gritos y más gritos corales: “Y si somos las mejores, y si somos las mejores, y si simos las mejores… bueno y qué”.

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