Antonio Valencia
Antonio Valencia (arriba, el cuarto empezando desde la izquierda), posando junto a sus compañeros. GTRES

Quien dijo que es más difícil mantenerse que llegar sabía de lo que hablaba. Tal vez sea eso lo que más llama la atención del ecuatoriano Antonio Valencia, que a sus 31 años cumple su octava temporada como futbolista del Manchester United (Cantona duró cinco). Salir bien librado del paso del tiempo y de entrenadores tan diversos como Van Gaal o Mourinho, por citar a los últimos, es cuestión que no está al alcance de cualquiera.

Como en tantas ocasiones, el secreto de la longevidad no reside en los genes (o no solo), sino en la capacidad para renovarse. El extremo se ha reconvertido en lateral de largo recorrido por recomendación de Van Gaal, un entrenador que asociamos a sus exabruptos cuando deberíamos relacionarlo con su ojo clínico: del debut de Xavi Hernández como relevo de Guardiola al descubrimiento de Michael Rashford como esperanza del United, sin olvidarnos de la generación de oro del Ajax de los 90 (Kluivert, Overmars…).

En opinión de Ander Herrera, su principal suministrador de balones, Antonio Valencia "es el mejor lateral derecho del mundo, solo igualado por Dani Alves". "Cada vez que tengo la pelota, sé que Antonio me ofrece una solución. Es alguien que entiende el juego: rápido para defender y capaz de incorporarse al ataque casi siempre con éxito". Lo habrán comprobado si tienen años suficientes: la compresión es más importante que la habilidad.

El propio Valencia ha confesado que lo más difícil de su nuevo'‘empleo' fue adquirir la "concentración" necesaria, eso que los puristas llaman el rigor táctico y que obliga a defensas y centrocampistas a actuar con la madurez de un hermano mayor. En el caso de un lateral derecho la responsabilidad se multiplica, como bien saben algunos de los que renegaron del puesto, y ahora pienso en Sergio Ramos. Los buenos laterales (jamás diré carrileros) son criticados por subir mucho y bajar poco y por todo lo contrario, por excesivamente valientes y por excesivamente cobardes.

El secreto de la longevidad no reside en los genes (o no sólo), sino en la capacidad para renovarse

Tiene un mérito considerable que Valencia haya entendido su nueva situación. Para quien fue un atacante de campanillas no debe resultar fácil agarrar con una mano una pistola y con la otra un rastrillo. El futbolista que fascinó al Villarreal (club plagado de ojos clínicos) estaba llamado a hacer carrera como extremo derecho con desborde letal y pase mortal. El problema de algunos amores es que coinciden en todo menos en la edad. Toño tenía 20 años. Y la maduración no se aceleró por jugar cedido un año en el Recreativo. El proceso de aprendizaje y adaptación comenzó en el Wigan, primero como cedido y después como fichaje en propiedad. Fue bajo la dirección de Steve Bruce (nueve temporadas como jugador del United), cuando Valencia completó el aprendizaje más complicado: la compresión del juego. Tampoco le fue mal al Wigan. Compró por dos millones de euros y tres temporadas después vendió por 19. Ferguson es otro que no tenía mal ojo.

Ryan Giggs fue su mentor en el United y entonces se construyeron los cimientos que le sostienen ahora. El 26 de octubre se rompió un brazo durante un partido y regresó 25 días después, contra el Arsenal, para ser reconocido como el Mejor Jugador del Partido. En noviembre fue nombrado por los aficionados como el Mejor Jugador del United, por delante de Carrick e Ibrahimovic. El resto de la historia se resume en una frase del propio Antonio Valencia: "Amo este trabajo".

Todos los perfiles de Juanma Trueba