Jesús Gil, Lorenzo Sanz y Juan Onieva
Jesús Gil, Lorenzo Sanz y Juan Onieva en el año 2000, por aquel entonces presidentes de Atlético y Real Madrid, y vicepresidente blanco, respectivamente. ARCHIVO / EFE

Con la muerte de Josep Lluís Núñez este lunes, a los 87 años, desaparece también uno de los últimos exponentes de la época más presidencialista del fútbol español. Una era de incorrección política, por momentos salvaje, en la que los presidentes daban rienda suelta a sus pulsiones tanto en los palcos como en los medios de comunicación.

Han pasado ya tres décadas desde aquellos dardos que intercambiaban el propio Núñez y su sucesor, Joan Gaspart, con Jesús Gil, Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz, Paco Roig, José María Caneda, Manuel Ruiz de Lopera… Pero parece que haya pasado un siglo si comparamos los actuales tiempos de silencio y mensajes medidos al milímetro con la explosión de aquellos dirigentes-forofos.

Núñez nació en Barakaldo (Vizcaya), motivo por el cual otro de los iconos del fútbol de aquellos tiempos, el periodista José María García, le bautizó como ‘el mini lehendakari’ cada vez que deseaba subrayar su carácter autoritario. Gil, en cambio, le situaba ya en el corazón de Barcelona cuando se refería a él como “el enano de las Ramblas”.

"Un pequeño miserable"

“Me parece bajo y de estatura y bajo de moral”, dijo Lorenzo Sanz cuando Núñez dio a entender que el presidente blanco había enchufado en la primera plantilla a su hijo Fernando. “Parece que cualquier opinión respetuosa sobre un determinado club la respuesta es el insulto”, le respondió Núñez. Jesús Gil tenía para ambos: “Sanz y Núñez son mis súbditos", dijo una vez.

Núñez también se las tuvo tiesas con el predecesor de Sanz en Chamartín, Ramón Mendoza. "No creo que, con el lumbago que tiene, esté para dar saltitos", ironizó sobre la celebración del presidente blanco al grito de “Es polaco el que no bote” tras una Supercopa. “Me deprime pensar cómo un hombre así puede dirigir una entidad de la talla del Real Madrid", dijo Núñez en otra ocasión. Mendoza recuperó luego al tema de la altura: “Es un pequeño miserable”.