Solari e Isco
Solari e Isco, durante el partido entre Leganés y Real Madrid de Copa del Rey. EFE

El divorcio entre Isco y Solari es total, y ninguno de los dos da argumentos al otro para la reconciliación, como se vio en Leganés en el partido de vuelta de octavos de Copa del Rey. El malagueño fue alineado en un once inicial algo inusual, con Marcelo como extremo y no como lateral y plagado de canteranos para sostener el 3-0 del partido de ida como máxima idea.

La aportación en ataque de Isco debería haber servido para que los blancos pusieran algo de picante, pero el partido fue absolutamente negado para los blancos. En el gol del Leganés que les dio la victoria, que no la clasificación, ocho futbolistas madridistas se quedaron mirando sin presionar, entre los que estaba el malagueño. La desidia que mostró el jugador en todas las facetas fue absoluta, lo que dejó que fuese Vinícius quien aportase más en las aperturas de balón y, especialmente, en los contraataques.

De un partido que no pasará a la historia del Real Madrid, Isco fue sustituido mediada la segunda mitad. Tras saludar al compañero que entró por él, Cristo, se fue directo al banquillo. Ni miró a Solari, ni hubo gestos de ningún tipo, ni de uno ni de otro. Isco vio el resto del partido en una esquina, junto al resto de los suplentes y una manta hasta el cuello en la fría noche de Butarque.

Todo apunta a que este fin de semana, ante el Sevilla, el malagueño volverá a estar en el centro de las miradas, pero también, salvo sorpresa, parece que todos esos ojos tendrán que dirigirse hacia la zona de los suplentes. Y, mientras, Solari seguirá asegurando, como dijo en la sala de prensa de Leganés, que no tiene ningún problema con Isco. "En absoluto", afirmó, en una rueda de prensa que duró cuatro minutos y en la que hubo más monosílabos de los habituales.