Hacer fácil lo difícil
Alba Cabello, sobre un trampolín, poco antes de entrenarse con sus compañeras. (Jorge París)
Satisfechas con las seis medallas conseguidas en los Mundiales de Melbourne, y sin apenas descanso, el equipo de sincronizada se prepara ya para los Nacionales de Mallorca (27-29 abril).  En este deporte no hay descanso.

La madrileña Alba Cabello, que se llevó dos metales de Melbourne, recibe a 20 minutos en la piscina del Mundial 86, donde está el club en el que ha crecido como nadadora. No se atreve a pensar en el tiempo que ha pasado bajo el agua durante sus 20 años, pero con la selección se entrena 8 ó 10 horas diarias. «Pasamos mucho tiempo en la piscina, pero también hacemos gimnasio, danza, acrosport...».

Desgaste físico y mental

«Lo más duro son las rutinas, tanto por el esfuerzo físico como por la apnea», apunta su entrenadora en Madrid Carmen Díaz. «La sincro cansa física y psicológicamente». Por eso se ha hecho tan importante la figura del psicólogo, que «trabaja la motivación, la autoestima...».

Tras los minutos de arte que derrochan en la piscina, y que ellas aparentan hacer como si no costara nada, hay horas de entrenamientos, pieles arrugadas por el agua, frío, renuncias... «El pelo y la piel también notan mucho el efecto del cloro», asegura Cabello, que gasta litros de crema en Barcelona, porque la piscina está al aire libre.

Cuando Alba habla de las medallas, le brilla la mirada y recuerda que tras ellas está el trabajo de mucha gente: «Las entrenadoras, el compositor, los profesores de danza, nutricionistas...». Tanto tiempo juntas ha unido a un grupo en el que destaca la coleccionista de medallas, Gemma Mengual: «Es sencillamente la mejor», resume Alba, que ya mira con sus ojos brillantes un nuevo objetivo: «Los Juegos Olímpicos de Pekín».

La pinza que evita el agua

Lo que llevan siempre las nadadoras de sincronizada es una pinza de acero inoxidable, parcialmente recubierta de silicona, que les impide respirar por la nariz para que no les entre agua. «En este deporte siempre se respira por la boca», apunta Cabello, quien considera que este elemento «resulta incómodo al principio, pero enseguida te haces a él». ¿Y cómo aguantan tanto debajo del agua? «Eso también lo entrenamos, con la apnea», desvela Alba.