José Paolo Guerrero, junto a Ricardo Gareca, seleccionador peruano.
José Paolo Guerrero, junto a Ricardo Gareca, seleccionador peruano. EFE

Perú perdió frente a Dinamarca en su debut en el Mundial, en un partido en el que el cuadro sudamericano fue bastante superior a su rival, pero donde claramente le faltó capacidad para convertir sus ocasiones en gol, lo que le acabó penalizando en exceso. El gran personaje antes del comienzo del encuentro era el atacante de Flamengo José Paolo Guerrero, después de la gran polémica que había envuelto su participación en la Rusia 2018, después de una sanción que finalmente acabó siendo retirada.

Tanto había sonado su nombre, que el hecho de comenzar como suplente llamó poderosamente la atención. El 'tigre' Gareca buscó un nueve más móvil como Farfán, quizás motivado por el hecho de que los centrales daneses —que fueron Kjaer y Christensen— no tienen una gran movilidad ni capacidad para girar, y el atacante del Lokomotiv de Moscú es más móvil y versátil en la última línea.

Lo cierto es que dio la sensación de que el plan de partido salía bien, porque Perú generaba ocasiones y hacía daño. Sin embargo, Cueva falló un penalti en el tramo final de la primera mitad, que provocó un tremendo bajón anímico en el equipo peruano, que en el arranque del segundo tiempo bajó bastante su intensidad, y se vio sorprendido por el conjunto danés, que se puso por delante.

Gareca decidió entonces meter a Guerrero, y la sensación fue que probablemente le veremos de inicio en los próximos encuentros, porque generó peligro. Nada más entrar, se sacó un cabezazo demasiado centrado, que obtuvo una buena respuesta de Kasper Schmeichel, mientras que estuvo a punto de convertirse en héroe en los últimos instantes, ya no sólo por igualar la contienda, sino porque estuvo a punto de hacerlo con un taconazo brillante que se marchó rozando el palo.