Óscar Freire
Óscar Freire (en el centro de rojo) durante un sprint. (Efe)

Hoy a partir de las 10.30 horas el equipo español intentará conquistar el título en ruta del Mundial de ciclismo.

El circuito, a priori, no parece tan duro como parecía en un principio pero eso es, como siempre, dependerá del empeño que pongan los participantes, pues son muchos los kilómetros (267,4 kms) y la mayor dureza está en su parte final.  

Serán 14 vueltas a un circuito de 19,1 kilómetros y el recorrido incluye tres pequeñas cotas: la de Herdweg (700 metros de subida, en el kilómetro 4 y un desnivel que llega al 13%); la de Birkenkpf (1.100 metros, en el kilómetro 9,2 y un desnivel del 8%) y el final con una rampa de 2,8 kilómetros que llegan a un 7%.  

Freire, la gran apuesta española 

Todo ciclista tiene su carrera fetiche, en la que se crece y desarrolla sus habilidades por encima de otras competiciones.

El suizo Tony Rominger brillaba en la Vuelta (aunque también lo hizo en el Tour o el Giro); Miguel Indurain, en el Tour de Francia y Juan Antonio Flecha, compañero de Freire en el Rabobank, luce con luz propia en el adoquín de la París-Roubaix.

Óscar Freire (Torrelavega, 1976) también tiene su carrera: la prueba en ruta de los mundiales, la que le ha catapultado hasta el olimpo ciclista. En San Sebastián, en 1997, logró una inesperada plata. Eran las gotas previas a la tormenta de su éxito.

En 1999 el cántabro logró su primer maillot arco iris en Verona. Lisboa (2001) y otra vez Verona (2004) completaron la trilogía.
Apenas dos años después, en 1999, el cántabro logró su primer maillot arco iris mundial en Verona (Italia) y emigró a Italia, para correr en un equipo, el Mapei, que supo ver sus condiciones innatas para las pruebas de un día.

Lisboa (2001) y de nuevo Verona (2004), completaron su “trilogía arco iris” y reverdecieron la ilusión por una carrera en la que España, históricamente, apenas sumaba algunas medallas hasta que Abraham Olano logró el oro en Duitama (Colombia), en 1995. Ése es el gran, y no reconocido, mérito de Freire.

Ahora, tres años después de su última participación mundialista, en Verona 2004, el cántabro Óscar Freire regresa a los campeonatos del mundo de ciclismo con el objetivo de convertirse en el primer ciclista que logra cuatro títulos mundiales y romper el empate que mantiene con el italiano Alfredo Binda y los belgas Eddy Merckx y Rik van Steenbergen.

 

Problemas de salud

El cuarto maillot arco iris se ha convertido en su mayor obsesión, si puede hablarse de obsesiones en un ciclista cuya carrera ha transcurrido entre lesiones y éxitos. “Me gusta este reto”, señala el ciclista de Rabobank.

Más allá del arco iris, victorias de etapa en el Tour o la Vuelta a España, dos Milán-San Remo, tres Flecha Brabançona, una Tirreno-Adriático (más ocho etapas en esta prueba en sus diferentes participaciones…), por citar unas pocas, quedan eclipsadas por culpa de los problemas de salud que le han impedido tener cierta continuidad en una misma temporada.

Dolores lumbares, forúnculos… y tras cada golpe, volverse a levantar. A eso se ha acostumbrado un Freire que también ha tenido que desarrollar su carrera con la resignación de sentirse extraño en un país tradicionalmente poco amigo de las clásicas.

 

Si fuera belga, las cosas serían muy diferentes, pero la mentalidad en España no parece que sea muy adecuada para ciclistas de mi estilo"

“Si fuera belga, las cosas serían muy diferentes, pero la mentalidad en España no parece que sea muy adecuada para ciclistas de mi estilo. Cuando yo me retire del ciclismo es cuando empezarán a apreciarme”, afirmaba el cántabro en una entrevista previa a la pasada Vuelta a España.

Sus constantes problemas físicos han sido obviados gracias a su facilidad para coger momentos de forma óptimos aún cuando las lesiones no le hayan permitido hacer muchas horas de bici.

Es una genialidad propia de campeón, como también lo es ese carácter despistado y distraído que, en carrera, se transforma en una capacidad muy acertada para leer la carrera en todo momento de cara a jugarse la victoria final.

Mis sprints siempre son un misterio. Hay que encarar la última recta con confianza y decidido. Luego puedes ganar o acabar octavo. Nunca se sabe”, señalaba durante el pasado Tour.

De momento en Stuttgart, tras no estar ni en Madrid 2005 ni en Salzburgo 2006, Freire ya piensa en la que se ha convertido en su carrera tras haber estudiado a fondo el traicionero circuito alemán, cumplir compromisos publicitarios y recuperar fuerzas picando jamón y lomo, cortesía de la Federación, entre platos de pasta.

“Si nadie hasta ahora ha sido capaz de ganar nunca cuatro mundiales será porque no es tan fácil ¿no?”, concluye.