Francia se rinde a Nadal
Nadal se tira sobre la tierra batida tras la victoria de ayer. (EFE)
Rafa Nadal comenzó a ganar Roland Garros perdiendo un partido. Fue el 20 de mayo, cuando la racha de 81 encuentros consecutivos venciendo sobre tierra batida halló freno en Hamburgo. Le ganó Roger Federer, que le vació de presión de cara a Roland Garros: en París, Nadal ya no perseguía cifras, ‘sólo’ ganar. Mientras, el suizo creía haber hallado la fórmula anti-Nadal. Creía...

Tres horas después de la final que los enfrentó ayer, todo volvió a su sitio: Nadal conquistó su tercer Roland Garros consecutivo al derrotar a Federer (6-3, 4-6, 6-3, 6-4) por octava vez en sus doce enfrentamientos. Y París, tan en su contra durante todo el torneo, tuvo que aplaudir al dueño de su Copa de los Mosqueteros. Diez españoles la han ganado ya.

Tricampeón seguido

Para igualar a Börg como único en ganar tres títulos seguidos en París y situarse entre los únicos siete tricampeones sobre el polvo de arcilla galo, Nadal empleó una técnica sencilla: desquiciar a Federer. Lo consiguió con el juego, forzando un millón de veces, o más, el revés del número uno mundial, que a veces la daba bien, pero muchas las devolvía a la grada. Sesenta errores no forzados cometió Federer, un boquete por el que se le fue la final.

El otro déficit del helvético, y de todo el circuito cuando Nadal está enfrente, fue el mental. Desde el primer set, el español fue desactivando cada oportunidad de romperle el servicio que tuvo su rival, muchas en los primeros compases. Y así, a Federer se le quedó esa cara de acelga que pone cuando el fortachón de Manacor le corre y devuelve bola tras bola.

La reacción de Roger en el segundo parcial fue más espejismo que otra cosa, pues Nadal, como parecía escrito, se llevó con comodidad el tercer set, el cuarto, el partido y el torneo que le pertenece desde hace tres años: Roland Garros.