Fernando Alonso
Fernando Alonso saluda al público durante el GP de Abu Dhabi. EFE

Dicen que la grandeza de un deportista se mide por la dificultad de sus rivales. Si es así, Fernando Alonso tiene que estar entre los mejores de la historia. El español es un piloto que ha cabalgado sobre dos generaciones de pilotos, casi tres, frente a hombres que hoy están en el podio de prácticamente cualquier ránking estadístico de la Fórmula 1.

Cuando comenzó en 2001, el hombre que dominaba era un Michael Schumacher que aún era tricampeón. Alonso era un joven prometedor de 22 años en los tiempos de gloria de Maranello, que ya le tenía en su agenda ante la eventual marcha de un Schumacher que sabían que no duraría eternamente en sus filas. El joven protegido de Flavio Briatore (como antes lo fue el propio Schumacher) hizo hincar la rodilla al 'káiser' en 2005 y, sobre todo, en 2006, cuando se jugaron entre los dos el título.

Para el recuerdo, el polémico aparcamiento de Schumacher en la Rascasse de Mónaco que le costó la pole a Alonso, cuando el asturiano y Briatore dijeron que Ferrari avergonzaba a la competición. Cuando dos titanes luchan de tú a tú, no sólo se hace en la pista.

A partir de ahí todo se complicó. Después de su bicampeonato del mundo en Renault, Alonso fichó por McLaren para vérselas con el que hoy es el indiscutible rey de la Fórmula 1. Lewis Hamilton resultó ser una piedra en su zapato mucho más grande de lo esperado, y de aquella paupérrima gestión salió una de las mayores rivalidades de todos los tiempos. Hoy son amigos, se respetan y se aprecian mutuamente, pero aquello fue uno de los mayores incendios que se recuerdan.

La llegada de Alonso a Ferrari coincidió con el reinado de Red Bull. Sebastian Vettel tiró por tierra la opción del tricampeonato del asturiano, mientras se convertía en tetracampeón él mismo. Desde la carrera de Abu Dhabi de 2010, todo fue un desastre y Alonso cayó en la ciclotimia propia de Ferrari, capaz de lo mejor y lo peor en un mismo fin de semana, e incluso en apenas unas horas.

Pocos equipos más caóticos que el Cavallino, que vieron en Alonso a su faro a seguir, primero, y después a la causa de todos sus males... pese a que con Vettel tampoco han conseguido acabar (de momento) con el reinado de Mercedes.

Y desde ahí, la nada. Los subcampeonatos de 2012 y 2013 marcan el principio del fin para Alonso, especialmente su victoria en el GP de España de ese último año, que es la última de las 32 que consumó el asturiano. La vuelta a McLaren coincidió con el hundimiento del equipo, lastrado primero por un motor Honda para olvidar y, de rebote, por una planificación para olvidar.

Más allá de sus rivales por el título, Alonso ha dejado también otros enemigos por el camino. Nelson Piquet nunca le perdonará lo ocurrido en Singapur 2008 y no duda en criticarle cada vez que puede, si bien ahí fue toda la responsabilidad de Briatore y no del piloto español, como tampoco Felipe Massa, que pasó de rival a compañero en unos años pero nunca al plano de amigo. Con Kimi Räikkönen, con quien también compartió box, se las tuvo tiesas especialmente en 2005 cuando compitieron por el título, pero en ningún momento se llegó a traspasar la frontera de la enemistad.

En los últimos tiempos, el irreverente Kevin Magnussen se ha convertido en su mosca detrás de la oreja, si bien un Alonso ya de vuelta de todo nunca le dio cancha para ponerse a su altura.