Cadel Evans celebra su maillot amarillo
Cadel Evans celebra su liderato del Tour 2008 (REUTERS). REUTERS

Australia es un país en el que el ciclismo más potente no está en la carretera, sino en la pista de los velódromos. Muchas medallas en mundiales y Juegos acumulan en el palmarés de la nación. Vivero de corredores potentes, veloces. Ideales para las llegadas masivas. Así era el último de los, hasta ahora, cuatro australianos que han logrado vestir el amarillo: Robbie McEwen.Evans llora (REUTERS)

Cadel Evans, el quinto, es diferente. Dejó su carrera en el mountain bike, donde ganó dos Copas del Mundo (siempre se le atragantó el mundial), para ganar dinero en la carretera. Y, poco a poco, fue creciendo como ciclista en el asfalto.

Su segundo puesto en el Tour de 2007 fue la confirmación. Evans, un ciclista completo que ya logró vestir la maglia rosa en el Giro 2002, podía ganar el Tour. Este año, con la ausencia de Alberto Contador y su condición de vigente subcampeón, partía como el máximo favorito.

Evans besa el peluche del Tour (EFE).Y por eso, al subir al podio en la cima de Hautacam, besó el amarillo. Lo palpó. Lo acarició. Lo mimó. Y lloró. "He tenido dolor al principio de la etapa, tenía muchos moratones, pero luego he ido mejor. Agradezco a los médicos lo bien que me trataron", se sinceraba un Evans que sufrió una caída en la novena etapa.

El australiano, con fama de un carácter áspero, ha tenido sus más y sus menos en este Tour con algún motorista y se ha encarado incluso con algún periodista. "Espero conservar el maillot amarillo hasta París, pero va a ser difícil. No tenemos el mejor equipo del pelotón, pero logramos estar en los primeros puestos. Espero que sigamos así. Franck Schleck, es mi rival más cercano, la principal amenaza, pero el que ha mostrado que es más peligroso es Menchov", valoró.

Este martes se llevará a cabo la primera jornada de descanso en la ronda gala este año, por lo que Evans seguirá un día más de amarillo.