Durante once años, miles de cicloturistas de medio mundo peregrinaban una vez al año hasta la Toscana italiana para rendirle culto al pasado del ciclismo durante un día.

Aficionados vestidos con maillots de diferentes épocas, con un "parque móvil" desfasado y más propio de un museo que de una marcha cicloturista teñían de nostalgia la extensa red de caminos agrícolas de una región que ama el ciclismo. Era la Eroica, un acontecimiento diferente. Un guiño al pasado de un deporte maltratado.

Y como la marcha funcionaba, los organizadores del Giro de Italia, los mismos que promueven la Milán-San Remo, entre otras, pensaron en exportar la cicloturista hasta el calendario profesional. Que los Simoni, Di Luca, Cunego y compañía sufriesen como los pioneros del Tour o de la corsa rosa. Una prueba propia de 1907, pero cien años después. "El ciclismo necesita algo nuevo y los corredores, una motivación adicional", defendía Angelo Zomegnan, el gran jefe del Giro, durante la presentación de su primera edición.

Así llegó la Eroica al calendario. Y en su debut, este martes, el ruso Alexandr Kolobnev (CSC), subcampeón del mundo de ciclismo en Stuttgart, se convirtió en el primer ganador de los 180 kilómetros entre Gaiole in Chanti y Siena il Campo. ¿180 kilómetros? Pocos para una clásica. Pero en 1907 el asfalto era la excepción; lo normal, los caminos de grava y arena, le strade bianche que las llaman.

En la Eroica no hay estrechos caminos empedrados, como en la París-Roubaix francesa. Más en la línea de la menos conocida, y también francesa, Tro Bro Leon, la dificultad está en los caminos. Porque hasta 70 kilómetros sin asfaltar, por los caminos de la Toscana, son la gran dificultad de la Eroica, el nuevo monumento ciclista llegado desde el cicloturismo. Y en esos caminos, cuestas y rampas de gran porcentaje. Muros salvajes, retos prehistóricos sin domar.

Ganó Kolobnev y aventajó en tres segundos al sueco Marcus Ljungqvist (CSC) y en 39 al ucraniano Mikhaylo Khalilov (Ceramina Flaminia). Los españoles brillaron en este debut, aunque a casi cuatro minutos y medio: José Enrique Gutiérrez, José Alberto Benítez y Ricardo Serrano acabaron quinto, sexto y octavo, respectivamente.

Solo el Giro, la misma carrera que se atrevió con un alpino Colle de Finestre sin asfaltar, podía impulsar una iniciativa así: la búsqueda de un nuevo ciclismo con rasgos de identidad diferenciados.