Kilian Jornet: "Lo que yo hago no es productivo, no es útil"

Kilian Jornet, durante la entrevista.
Kilian Jornet, durante la entrevista.
Jorge París

Cuesta creer, pero sí: ese cuerpo tan menudo aloja la energía infinita, o casi. Kilian Jornet ha llegado de Barcelona, se sienta ahora en un banco del madrileño Retiro, volará esta tarde a París y después aterrizará en Londres. Serán apenas cuatro días los que aguante fuera de su medio, la montaña. De la más alta del mundo, acaba de bajar dos veces en apenas una semana y eso merece la pena contarse, aunque él baje a tierra sus hazañas más allá de 8.000 metros. No es falsa modestia, es así: un tipo tímido que sube y baja montañas más rápido que nadie, casi desde que nació.

¿Su primer recuerdo de la montaña?

De pequeño no tengo nada concreto. Para mí era algo normal ir a la montaña, tengo medios recuerdos, cosas que me han dicho mis padres, en Córcega cuando tenía dos años, la primera vez en el Aneto...

¿Se siente mal fuera de la montaña?

Si estoy mucho tiempo fuera del monte, noto que necesito recargar energía cuanto antes. Cuando vuelva allí necesitaré mucha montaña y estar solo.

¿Se imagina con traje y trabajando a diario en la ciudad?

No, no me lo imagino, pero al final cada uno elige en su vida su camino.

¿Echa algo de menos de la ciudad?

No, nada. De hecho, la ciudad más grande en la que viví tenía 3.000 habitantes y ya era demasiado.

¿Se agobia?

Sí, a mi me gusta salir de casa y que no haya nadie, salir al patio de casa en bolas y que nadie te diga nada. Vivo en un lugar donde apenas ves a tres personas en un mes. Tener esa tranquilidad es importante. Me gusta estar solo, porque creo que es importante, pero me gusta estar también con gente en la montaña. Digamos que no me gusta estar acompañado de muchas personas.

¿Es un superdotado físicamente?

No lo creo, simplemente tengo una morfología muy adecuada a este deporte. Pero luego hay que meterle muchas horas y horas de entreno.

¿Qué hace en el tiempo libre?

Umm...pues no soy de quedar mucho con gente. Creo que nunca he invitado a nadie a comer a mi casa, porque la gente ya tiene cosas mejores que hacer. Leo, me gusta el diseño, cosas así.

¿De la actualidad y la televisión está muy pendiente?

Sí que sigo la actualidad de casa, aunque viva en Noruega. Es aquí donde pago mis impuestos y es importante saber lo que pasa aquí. Es importante recibir información, pero también procesarla y asimilarla, porque estamos recibiendo información cada milésima de segundo. No da tiempo a nada.

¿Le interesa la política?

Yo no creo en la política, mi creencia es anarquista y creo que la utopía perfecta es un mundo sin políticos, con que la gente tuviera la solidaridad y educación necesaria para no tener leyes y cosas así, pero bueno, esto es una utopía muy lejana. Sigo la actualidad y me posiciono, no me importa decir mis ideas.

¿La situación en Cataluña?

No soy nacionalista. Cuando era pequeño quería que la Cerdanya fuera independiente porque estaba harto de que la gente de Barcelona subiera los fines de semana e hiciera tanto ruido. Las fronteras, los países y la política deberían ser artificiales, ves una frontera y no hay nada.

¿La gente es imprudente en la montaña?

Hay mucho desconocimiento. El problema de hoy en día es que la gente quiere hacer muchas cosas sin dedicarle tiempo. La gente quiere ir al Aneto, subir al Everest, irse a bucear, a Hawaii... quiere hacer todo. La vida es escoger, abrir puertas, pero cerrar otras también. Todo requiere un aprendizaje. La gente no tiene tiempo hoy, solo quiere subir a la cima y ya está.

¿Usted se ve como modelo de la gente?

No, ni mucho menos, al contrario. Dentro de cuatro días la gente se habrá olvidado de mí. No creo ni quiero ser modelo. Tienes que dejar que la gente te inspire, pero no tienes que imitarlos en todo.

Si el trail fuera olímpico ¿iría a unos Juegos de verano a correr o de invierno a esquiar?

No lo tengo claro. Antes estaba motivado, pero luego vas viendo cómo funciona todo y dices: ¿es bueno ser olímpico o no? Si para serlo hay que cambiar la esencia del deporte, creo que no. Hay una contradicción moral: hago este deporte porque me siento cerca de la naturaleza y hay que protegerla, y quiero ser coherente con eso, pero luego veo que se hacen en países que destrozan los bosques y el paisaje...No sé si me sentiría agusto con eso.

¿Cómo es su entrenamiento semanal?

Ahora lo hago todo en montaña. Por la mañana salgo entre tres y ocho horas, y luego por la tarde, si por la mañana ha sido menos de cinco horas, salgo otra hora. El desnivel mínimo son unos 1.500 metros al día.

¿Cuida mucho la comida?

Lo hago porque mi compañera (la sueca Emelie Forsberg, también atleta de trail y montañera) me cuida bastante y al final son ellas las que mandan. Tenemos varios huertos en casa y  distintos productos todo el años, patatas, zanahorias, verduras...hay que comer mucho para tanto entrenamiento, aunque carne no coma mucha.

¿Se ve con familia?

De momento no, porque mi compañera entrena y compite más que yo, pero en un futuro sí, es bonito.

¿Se quedará en la alta montaña?

No, no soy una persona a la que guste siempre hacer lo mismo. Me gusta hacer cosas diferentes porque cuando haces algo por segunda vez, creo que no aprendes nada. No me gusta estar en la zona de confort.

Con el nivel que ha alcanzado, ¿sufre en las carreras?

Depende básicamente del nivel de la carrera. Si no hay mucho, puedes ir tranquilo, ir al 70% y ganarla disfrutando. Si en la carrera hay nivel, sufres desde el primer momento porque hay que ir con el acelerador.

¿La más dura que haya corrido?

La primera vez que corrí Western States (160 kilómetros)  fue muy dura porque en los últimos 30 kilómetros tuve rampas en todo el cuerpo y una gran deshidratación. Cada paso que daba me quedaba tieso y me caía al suelo, así todo el rato. Tardé en llegar a la meta unas 15 horas, pero llegué al sprint a la tercera plaza. El último km me salió a 18 por hora, después de 160 kilómetros, una locura.

¿Mentalmente cómo lo hace?

Uno se acostumbra a sentirse confortable en peligros o zonas que no eran peligrosas antes.

¿La fórmula para sentirse confortable sufriendo?

Siendo muy racional, dejando las sensaciones y emociones aparte. Si tienes miedo o cualquier cosa, hay que dejar los sentimientos fuera. Hay que analizar la situación, medir el riesgo y ver si tengo la capacidad técnica y física para hacer algo. Si dices que no, marcha atrás. Si dices que sí, pues para adelante, analizando hasta que riesgo puedes aceptar. Pensar si estar confortable y cómodo con el riesgo que has tomado.

¿Y cuándo no se puede más?

Depende de si el 'no puedo' más es real. Si no es real, paso de la cabeza. Soy bastante cabezón y de los que dice 'venga, da igual, tira para adelante'...y así voy siguiendo. Al final es ir engañando a la cabeza. Luego, si es real, pues para atrás y punto.

¿Y cuándo el riesgo es la muerte?

A ver, la vida te la juegas muchas veces, y hay veces que he vuelto a casa y he dicho "he sido gilipollas y hoy podía no haber vuelto". Son momentos en los que también aprendes mucho sobre ti mismo, sobre cómo funciona el cerebro, pero tampoco puedes hacerlo cada semana, porque vas cogiendo números de la lotería, y al final toca.

¿Disfrutó sufriendo vómitos, rampas y problemas estomacales a 7.000 metros en el Everest?

No, allí disfrutas profundamente, bajo muchas capas, pero sufres un huevo. La primera vez, a 300 metros de la cumbre ves la puesta del sol y lo disfruté. Estaba bien, con la noche entera y la montaña para mí.

¿Por qué volvió a subir otra vez?

Tenía tiempo, tenía energía y no tenía nada mejor que hacer.

Se echó una siestecilla a 8.000 metros...

Supongo que no fue un edema, porque de coordinación estaba bien, pero la acumulación de las horas de hipoxia, deshidratación y cansancio me afectó al cerebro. Tengo un vacío durante el que no sé qué pasó. No sabía si estaba soñando o era real, pero recuerdo estar en un sitio y después en otro diferente. Tenía esa confusión, estaba nevando y dije: pues voy a descansar un poco. Sabía que tenía confusiones en el cerebro y decidí dormir para esperar a que hubiera un poco más de luz. Cuando me desperté todo funcionaba ya bien. Vi la foto mental de la montaña y fui bajando para salir de ahí.

¿No le dio miedo no despertar a esas alturas?

No, porque estaba bien, solo tenía un problema cognitivo y veía que mi cuerpo respondía. No estaba exhausto, no había nada que me hiciera pensar que podía quedarme ahí. Es más peligroso quedarme dormido aquí (césped del parque del Retiro) que allí. El único problema era que me estresara y tomara una mala decisión, pero estaba tranquilo.

Es más fácil que usted se estrese en el metro que a 8.000 en el Everest...

Sí, seguro. Aquí a los dos días me peta un cable.

¿Se siente poco valorado económicamente cuando se compara con los futbolistas?

No, yo soy un privilegiado porque estoy viviendo de mi pasión y eso ya es mucho. El deportista está muy mitificado. No es como me siento yo comparado con lo que gana un futbolista, sino como me siento comparado con un profesor que enseña, un médico que salva vidas, un científico que descubre cosas...Se le da mucha importancia al deporte, que al final es un juego y tendría que ser para uno mismo. No es lo que gane yo comparado con Ronaldo, sino lo que gane yo comparado con otras profesiones que sí que hacen algo productivo y útil. Al final yo hago una actividad interna y egocéntrica, comparado con otras cosas mucho más necesarias. Yo solo hablo contigo porque corro un poco más rápido que otros. Lo que hago yo puede inspirar a gente, pero no es nada productivo.

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