Efimova, llorando ayer en Río.
Efimova llora tras subir al podio olímpico, pitada por el público. Gtresonline

Casi funcionando como una institución gremial, el mundo de la natación tiene claro sus límites, quién está dentro y quién se queda fuera. A este último capítulo pertenecen los que ellos llaman los tramposos, compañeros que siguen nadando corchera con corchera pese a sanciones por dopaje.

La última noche en la piscina brasileña escenificó esa situación. La protagonista, la rusa Yulia Efimova, especialista en los 100 metros braza, con dos positivos a sus espaldas (uno por Cellucor CLK y otro por el famoso meldonium) y un último recurso ante el TAS que le permitió saltar desde el trampolín.

Sus oídos le tronaron antes, durante y después. La leyenda del agua, Michael Phelps, ya había criticado días antes la participación de Efimova, alguien "que no juega limpio, y por dos veces". Efimova terminó segunda, solo superada por la norteamericana Lilly King, que en la previa ya había soñado con poder ganar "a aquellos que hacen trampas". Su triunfo evitó un escándalo aún mayor.

La musica de viento persiguió a Efimova durante toda la prueba, la tradicional ceremonia de medallas y los desfiles posteriores, cuando sus dos rivales hicieron todo lo posible por dejar notar que ella no era de los suyos con mil flashes como testigos.